aristoteles_academiaEn la cotideaneidad de las discusiones filosóficas, ya sea en Facebook, como en los diálogos presenciales, el insulto, menosprecio hacia el otro o descalificación profesional, son herramientas y sucesos habituales que cierran la argumentación a falta de la misma.

Quién no se ha encontrado, alguna vez, ante el hecho de que el interlocutor, en vez de refutar la idea, refuta al idealista, a través de la ironía, la descalifiación o el insulto directo a su persona.

Proyectado por un sistema que hace lo mismo con todo disidente: burlarse, descalificar, proscribir, eliminar; el humano común, cumpliendo al pie de la letra con el síndrome de los 5 monos, hace lo mismo con sus congéneres.

Las ideas, en el mundo manifiesto del demiurgo, no son tales, sino creencias, lo cual no es lo mismo, aunque nos hayan enseñado que sí.

Mientras una idea es un elemento tomado del universo original y “bajada” a la Tierra para mejorar la vida en la misma, una creencia es una aplicación del mismo programa de la matrix terrestre, establecida para diferenciarnos.

Como tal, tenemos las creencias religiosas, científicas, folclóricas, etc. que hacen que nos descalifiquemos mutuamente y consideremos que somos mejores porque pensamos de tal o cual manera, o pertenecemos a tal o cual grupo.

Reiteramos, que una idea pertenece al mundo intelegible y es captada por una persona que, inmediatamente, reconoce que no le es propia, sino que proviene “de arriba” y enriquece y favorece a toda la humanidad.

La creencia, en tanto, está tan pegada al ego, que éste se siente atacado cuando dicha creencia es puesta en duda, como si la refutacion de ella significara la extinción del ego.

La defensa de las creencias genera actitudes airadas, violencia verbal y física, división y dolor.

No debería haber problemas en diferenciar una de otra, ya que el sentimiento interno de pertenencia califica a una creencia como tal en forma automática. La dificultad reside en el nivel de conciencia. Si este parte del centro emocional o mental, seguramente actuará de forma egótica, si lo hace desde el centro espiritual seguramente lo reconocerá de inmediato.

Como el ser no necesita defenderse, de la misma forma, las ideas sólo necesitan ser expuestas, pues se defienden solas. No así con las creencias, que precisan de la sangre humana para sobrevivir.

Una vez que te desprendes de tu cuaderno de creencias, el mundo se vuelve para tí más amable y las discusiones… dejan de serlo…

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