Algunos creen que el alma humana transmigra a otros cuerpos después de la muerte. Y si esto es así, por qué no, muchos recuerdan el pasaje y existencias anteriores.

De acuerdo con diversas doctrinas que apoyan la teoría de la metempsicosis y la reencarnación, el período de pasaje podría ser inmediato o de hasta de 1.000 años de duración, dependiendo del descanso que esa alma requiera o del compromiso adquirido con la evolución de la especie.

Puestos a recordar vidas pasadas es probable que tengamos más presente una existencia de hace dos mil años que otra que terminó hace doscientos. Hay muchas razones para esto.

Poseemos un ADN galáctico, el del origen espiritual, que por reflejo debe corresponder con el del alma y éste con el físico que tomamos en cada encarnación.

Esto nos obliga a renacer en lugares comunes con nuestros padres, cónyuges, hijos y, en general, los integrantes del clan original.

En verdad, lo que encarna no es más que la señal energética del ADN, subida a la barca de un alma prestada por los dioses.

El alma es un recipiente, de ninguna manera es el ser. El alma permite que el reflejo del ser haga su experiencia material.

En la cadena de encarnaciones, nuestra vida ´puede ser más o menos significativa. Es decir, alguna vez haremos de empleado clerical y otra de aventurero descubridor de viejas civilizaciones. Seguramente esta última tendrá más significado para nosotros y la recordaremos con más facilidad.

También sucede que tenemos tendencia a buscar la realización de experiencias que hayan quedado incompletas, como, por ejemplo, un amor que no pudo ser.

Aun cuando parecemos encarnar cerca de nuestro clan, cada clan puede producir una singularidad que, posteriormente, será el eslabón de evolución de la especie.

Si bien cada especie evoluciona de acuerdo con su inconsciente colectivo, esto es, la cadena de experiencias válidas de cada miembro de la misma, las singularidades, los individuos “especiales” que produce cada familia, constituyen el salto cuántico en dicha evolución.

Esto funciona así y de acuerdo con algoritmos establecidos desde el sol central, excepto cuando algún área del universo es secuestrada y la evolución de las especies en ella se ve trastocada de alguna manera.

Si analizamos lo poco que se conoce de la historia terrestre y habida cuenta de los últimos descubrimientos arqueológicos que señalan picos de evolución tecnológica decena de miles de años antes de lo oficialmente aceptado, resulta evidente para muchos que nuestro crecimiento ha sido manipulado para mal.

Y todo esto se traduce en que hemos pasado a vivir existencias monótonas y poco significativas, corriendo detrás de objetivos falsos y perdiendo el tiempo viendo y admirando la vida exitosa de unos pocos que los medios nos muestran como modelo.

Las escuelas matan la creatividad y se orientan a que el alumno sea parecido al grueso de la clase, las singularidades son castigadas, no sólo por las autoridades, sino por los propios compañeros.

Así, si John Doe muestra una habilidad especial en el área tecnológica, será incentivado y becado para estudios superiores que le permitan al sistema explotarlo adecuadamente.

Pero si la habilidad de John está relacionada con una percepción clara de la realidad y podría convertirse en un verdadero líder anti-cultural, será apagado, perseguido o destruido.

El sistema posee eficaces armas para sacar de carrera a una persona. Es tan eficaz en esto que podría decirse que se defiende solo, sin que nadie tenga que encender ninguna alarma.

En principio, la vida monótona de una persona común, incluyendo la de un científico altamente capacitado sirviendo al sistema, será una tortura para nuestro John Doe.

La pobreza, la compañía de personas de escasa capacidad, los contratiempos y presiones económicas, lo harán desesperar. Tratará de superar su entorno, pero será devuelto al mismo por el sistema. Pensará muchas veces en acabar con su vida.

Si no lo hace, es posible que pase a enfrentar abiertamente al sistema. Pero, poco a poco, se irán apagando las luces a su alrededor. No hay lugar para él, y nadie quiere arriesgarse a compartir su destino. Envejecerá y estará solo. Y pobre.

Lo peor no serán el hambre y la soledad, sino el ver cómo su vida ha sido rodeada por un cerco.

Recordará a las personas que tuvieron algún peso en su vida. Seres que aún ama, pero están lejos. Amores que juraron eternidad y perecieron ante el primer o segundo impacto de la vida. Personas que decían quererle y hoy le ignoran.

El lobo estepario esta viejo y herido… y el invierno se acerca.

Se sentará a meditar y recordará vidas pasadas, sobre todo aquéllas donde su libertad se expresó abiertamente, recordará su espíritu guerrero e indómito, llorará sus errores y gozará sus victorias. Verá nuevamente a las mujeres que amó y volvió a amar en cada una de sus vidas.

Y luego dará una mirada triste a esta existencia de metal y cemento, esta existencia sin significado, vulgar y mortal… y pedirá una muerte digna… para un lobo estepario…

Fragmento del libro RUNA de Juan Laborde La Croce – Editorial Paradigmas – PR 2016

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