“Ningún ser humano consagrado como anatema podrá ser rescatado, debe morir”—Levítico 27, 29
“Si no oyereis, y si no acordareis dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no lo ponéis en vuestro corazón. He aquí, yo os daño la sementera, y esparciré el estiércol sobre vuestros rostros, el estiércol de vuestras solemnidades, y con él seréis removidos.” —Malaquías 2:2-3
Aunque frases como estas abundan en los libros sagrados judeo-cristianos, sus seguidores se presentan a sí mismos como religiosos devotos a maestros, o a un dios de amor. Pero veremos que esta es sólo una postura de los menos fanatizados o de quienes desconocen a fondo la propuesta de su Dios.
Hace poco, ví un video cristiano que cuenta de un barbero que le dice a su cliente que no cree en Dios, debido a la maldad que hay en las calles, que si Dios existiera, esa maldad no sería permitida. El cliente sale y encuentra a un joven barbudo y con larga cabellera, lo lleva a la barbería y le dice al peluquero: los barberos no existen y la prueba de ello es que hay gente peluda como esta en las calles. El barbero responde: los hay porque no han venido a mi. Entonces, triunfante, el cliente exclama: igualmente, hay maldad porque esa gente no ha ido a Dios.
Esta aparentemente inocente anécdota encierra un mensaje subliminal terrible: Dios es bueno, pero la gente que no reconoce a su dios como tal, es la CAUSA de la maldad.
En otras palabras, el autor del video DEMONIZA a quienes no creen o no adoran a Dios.
Hay una diferencia entre ser ateo y no adorar a Dios.
El ateo considera que no hay pruebas científicas que justifiquen la existencia de Dios, lo cual es una postura intelectual y existencial que no necesariamente implica que esa persona sea mala o capaz de atrocidades.
El “no adorador” de Dios es una persona que como consecuencia de profundos estudios y meditación, o porque las evidencias se lo demuestran, cree en la existencia de Dios, pero no lo adora porque no lo considera benigno o auténtico.
La gran mayoría de las personas desconocen los escritos tempranos cristianos, los evangelios que fueron ‘borrados” de la biblia oficial y no prestan atención a muchas frases del viejo testamento que son muy reveladoras. Por lo cual siguen una doctrina cristiana desconociendo en amplitud la verdadera enseñanza de Cristo.
Personas que no adoran a Dios y estudian en profundidad las escrituras suelen ser de alto nivel de conciencia y posiblemente de las más espirituales del planeta, las cuales, además, suelen ser muy cuidadosas con su conducta.
Los coptos, que conocían el verdadero evangelio, llevaban vidas ejemplares y eran reconocidos por su pureza… tal vez por eso la Iglesia Cristiana de Roma arrasó sus ciudades y aniquiló a sus habitantes.
El mundo espiritual es, por definición, opuesto al material. Ambos mundos son como materia y anti-materia en la física racional.
El universo original, espiritual, es oscuro, y no fue creado por nadie, ES, como es el Incognoscible. En ese mundo no manifiesto están las esferas de los espíritus increados. La unión de todas esas esferas es el Incognoscible. Son al mismo tiempo uno y diversas, no siendo permitida la individualidad por oposición en ese plano.
La proyección de la conciencia del Incognoscible produce la aparición del Uno y su opuesto, el Demiurgo. El Uno crea el universo y se auto-proclama Dios Único y reina sobre el universo material.
Pero para alimentar su creación, requiere de una energía sutil que emanan las esferas del universo no-manifiesto. Por ello, valiéndose de un ardid, las revierte y las precipita en la materia, envolviéndolas con un alma divina, de su creación. Ese es, en realidad, el gran pecado original (original, porque proviene del origen)
Desde entonces estos espíritus atrapados en la materia, luchan por volver a su hogar.
Mientras otros, por ignorancia o para ganarse la inmortalidad al lado del Creador, traicionan al espíritu y buscan inmortalizarse en el alma divina.
La realidad es que serán absorbidos por el Uno y disueltos al fin del maha-manvantara. Pero de esto sólo pueden darse cuenta si expanden su conciencia.
Esta es, sinteticamente hablando, la creencia de quienes sostenemos que Dios no es alguien que debamos adorar. Realmente sentimos esta vida como si estuviéramos en prisión y esto nos produce una fuerte angustia.
La única escapatoria es amplificar nuestra conciencia (lo cual afecta al inconsciente colectivo) y elevar al alma divina al nivel espiritual, donde volveremos a ser esas esferas en el mundo inmaterial. Pero cuando esto suceda en grandes números, se abrirá una puerta de conciencia en el inconsciente colectivo y la mayor parte de la humanidad ascenderá en masa.
Eso producirá el maha-pralaya o re-absorción del universo material. Por lo cual, tanto el Uno, como los espíritus traidores desaparecerán… y es por esto que, los que saben esto, elaboran estrategias para que no suceda… y esas estrategias implican CUALQUIER COSA.
CUALQUIER COSA que mantenga dormida a la humanidad y permita la manipulación eterna de la misma. Y en este sentido, los seguidores inconscientes de religiones son su mejor herramienta.
Unos pocos años atrás yo sería enviado a la hoguera por escribir esto, después de ser sometido a intensas torturas. Hoy esto no puede hacerse porque hay una gran cantidad de personas a punto de despertar y esto ha restado poder a las fuerzas oscuras seguidoras del Uno.
No obstante, algunos de nosotros desaparecemos inexplicablemente o somos callados. Finalmente, al morir, nos han convencido de ir al túnel de luz, donde nuestra alma será curada, siendo, en verdad, borrada nuestra memoria de vidas anteriores, lo cual aborta la posibilidad de tomar consciencia de nuestra innata inmortalidad.
Por tal, somos incansables en nuestra misión de despertar conciencias dormidas y, por esta razón, REFUTAMOS constantemente a las religiones opiáceas.
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