El vacío, como la muerte, es incomprensible para el espíritu humano.

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Algunos creen que el vacío es comparable al espacio donde no existen astros celestes. Así, decimos que el universo está compuesto de planetas, estrellas, cometas, etc… y espacio vacío.

Pero no existe tal cosa como el espacio vacío, nada está vacío y aún la antimateria es materia en negativo o en alta compresión, no vacío.

La idea de que algo vivo puede surgir de la nada es absurda. Todos sabemos que las cosas se originan a partir de la combinación de sustancias más sencillas. Reduciendo a parámetros básicos, diremos que todo está compuesto de energía, donde la energía se combina para formar una sustancia estamos en presencia de energía en función. La energía en estado caótico no produce fenómenos ni cosas y es allí donde la malinterpretamos como vacío.

La idea errónea proviene de interpretar nuestra propia vida como finita. La materia constitutiva de nuestra unidad de carbono fluye constantemente, produciendo el cambio de nuestras células y tejidos, El material desechado pasa al terreno del caos (energía no organizada), mientras que energía proveniente de ese mismo caos es usada para componer nuevas células reemplazantes de las anteriores. Nada se pierde, todo es mutación constante.

Considerando que nuestra unidad de carbono se mantiene en función de vida mientras existe un paquete energético (cuerpo sutil) que mantiene unidas a las sustancias constitutivas y que este paquete es organizado desde nuestra alma (paquete de energía-emoción-pensamiento), la cual también es energía sujeta a flujo, deducimos que la muerte se produce porque el paquete de energía está sujeto a una curva de intensidad biológica que al pasar de cierto grado no es suficiente para mantener a la unidad de carbono funcionando.

El cosmos, así, no es una entidad que nace y muere, sino que está determinada por curvas (ciclos) de energía ascendente-descendente, tal como lo plantea la filosofía védica, sujeto a manvántaras y pralayas, según se encuentre la mayor cantidad de energía combinada o en caos.

El todo es una entidad que en proceso de baja actividad puede ser considerado ESPIRITU o SER PURO, el cual, periódicamente, manifiesta formas a partir de la combinación de sus propias partículas energéticas.

En menos palabras, el universo, sujeto a periodos de mayor y menor actividad, existe desde siempre.

Ahora bien, el hecho de que el universo no haya sido creado, no significa que en él no haya cierto tipo de jerarquías espirituales con funciones específicas, de manera tal que dioses y ángeles (o devas) caben perfectamente en su estructura, sobre todo si consideramos que muchos de ellos trabajan a favor de la expansión de la vida, aunque más no sea por expandir la propia experiencia espiritual.

Sin embargo, también debemos comprender, y nuestra experiencia mística así lo reclama, que estas jerarquías no son, necesariamente, perfectas y están sujetas a mejoramiento, por lo menos en su aspecto manifiesto o material.

Recapitulando, tenemos energía en estado caótico o desorganizado y otra organizada formando diferentes tipos de sustancias (materia). Y tenemos en ese entorno entidades espirituales de diverso tenor jerárquico en vías de perfeccionamiento.

Dentro de esas jerarquías de seres, la Tierra ha recibido la visita de algunos, provenientes de constelaciones cercanas algunos, lejanas otros, de gran pureza unos, en tanto que otros todavía manifiestan vicios tales como la lujuria, la vanidad y la ira.

FRAGMENTO DE RUMORES DE AGARTHA

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