El mandato paterno era ser honesto hasta sus últimas consecuencias; el materno, el del esfuerzo sin límites; en medio de tales ejemplos no me explico cómo llegué hasta aquí…

Siempre estuve más preparado que nadie. En casa no existía el ocio. Mi hermano menor y yo desarrollamos tempranas habilidades de ninjutsu, sólo para escapar a la mirada de madre, quien siempre tenía alguna tarea que encomendarnos. Padre trabajaba catorce horas al día y los fines de semana hacía (incluyéndome) tareas especiales de reparación o construcción que le dejaban alguna diferencia en su siempre flaco bolsillo. Cuando no había trabajo, me llevaba a caminar durante horas hasta alguna plaza, sin que su, repito, flaco bolsillo, diera la posibilidad de una Coca-Cola en aquél desierto. Eran dos padres amorosos y pacientes, de manera que no les podíamos fallar. Así fue que, jamás, nos permitimos una mala conducta o nota en el colegio, luchando siempre por la excelencia.
La excelencia nos llevó a ser grandes tipos, queridos por mucha gente y a obtener buenos empleos porque, fuera como fuera, no dejábamos de ser parte de la “clase trabajadora”.
Y a quien me hable de igualdad de oportunidades, déjenme que me ria en su sucia e ignorante jeta…
Llegas a un gerente de relaciones públicas y le van a encantar tus notas, tu aseado traje, tu lenguaje casi perfecto, tus antecedentes y el brillo con que te expresas. Pero esas mismas cualidades que te consiguen el empleo, no serán tan bien vistas por tu futuro jefe, que tiene familia, varios préstamos pendientes y los niños en colegio pago. Y si encima de enterarse que eres un árbol grandote que genera mucha sombra, le agregas el defecto de ser INCORRUPTIBLE, ya tendrás la fórmula perfecta para tu nueva oficina… afuera… le llaman “no haber comprendido la filosofía de la empresa“.
Pero ya habrás recopilado cierta experiencia y enterado de que la solución al problema es conseguir un puesto de gerente. ¿Difícil? No olvides que eres el mejor…
Consigues el puesto y como eres estúpidamente impecable, jamás perseguirás a tus empleados brillantes, sino que los alentarás y los mostrarás como autores de todas las grandes ideas del departamento que diriges. A los pocos años en tu propia área, habrá un equipo eficientemente formado, capaz e inteligente como para… sacarte del medio… esto es conocido como “trabajo en equipo y tener la capacidad de derivar“.
Así que otra vez en la búsqueda y asegurándote a tí mismo que no va a volver a suceder, te decides por el cuentapropismo.
La cosa está mala; pero tú eres una jodienda de iluminismo vertebrado, así que en poco
tiempo, estarás ganando fortunas y dándote la gran vida, tu empresa crecerá, crecerá y crecerá, hasta que le toques el dobladillo a una de las grandes… Esto está registrado en el mercado como: “la ley de la selva“.
Te llevará un tiempo recuperarte; pero eres hijo de tu madre y ella no se daba por vencida nunca.
Saldrás triunfante con el períódico debajo de la axila, sólo para comprobar que has logrado lo que tus padres deseaban de ti: la excelencia. Aunque, ahora, esta cualidad “tiene un nuevo nombre en el mercado laboral: “sobrecalificado”…

