Tal vez por influencia de los escritores teosóficos, estamos acostumbrados a considerar por separado y como “cuerpos” nuestros centros físico, energético, emocional y mental, dándole a este último un puesto de preponderancia sobre los otros, lo cual es discutible.
En verdad, el cuerpo físico es una entidad aparte, compuesto por los elementos de la Tierra.
Los otros tres son, como todo átomo básico, componentes de un mismo “cuerpo” o substancia.
Así como el átomo puede considerarse como la asociación de protones, electrones y neutrones, la substancia emocional está compuesta de componentes mentales, emocionales y energéticos, que laboran en conjunto, aunque no siempre coordinada o coherentemente. Esta substancia es lo que comúnmente llamamos ALMA.
Si vamos a atribuir autorías, diremos que el cuerpo es de la Tierra y el alma fue creada por Dios, por lo cual es este el elemento de control impuesto sobre nuestras vidas.
Existimos con la duda de si realmente manejamos estos 3 elementos, siempre que, pareciera que cambian constantemente según algún ritmo extraño a nosotros. Mientras, los caminos místicos nos señalan, sin lugar a dudas, la necesidad de controlar nuestro centro emocional/mental/energético.
La divergencia o incoherencia entre estos componentes dan como resultado enfermedades psíquicas y físicas. El desconocimiento actual de su funcionamiento y existencia (ya que no se enseña nada sobre ellos en las escuelas) conducen a que estas incoherencias se acentúen y a que nadie trabaje sobre sí mismo para mejorar. En todo caso las mejoras, creemos, se realizan “ afuera “ y dependen de lo que obtengamos materialmente.
Cada centro tiene su fuente de alimentación, ya que todos ellos son mortales, pues han tenido origen en algún momento.
El más vulnerable es el cuerpo físico, se alimenta de materiales de la tierra, esto es: agua, alimentos sólidos y aire, agregados al elemento invisible de la energía que proviene del centro del planeta. En los últimos siglos se ha dado importancia cabal al tipo de alimentación que llevamos, considerando que esta es la panacea de la salud y juventud. Verdad a medias.
La psique o alma, se alimenta de elementos astrales, es decir: emociones positivas y negativas y aquello que llamamos alimento espiritual que es, en realidad, meramente mental y emocional, como la literatura, el arte, la música, etc. Sin embargo, algunos de ellos, hábilmente manejados, pueden acercarnos a los límites del mundo astral, hacia arriba o hacia abajo.
El centro energetico, en tanto, recibe energía del cielo (prana) y de la tierra, además de otras tomadas del medio ambiente.
Un correcto balance alimenticio de todos los centros, lo que incluiría fuentes puras de abastecimiento, resultaría posiblemente en una salud casi perfecta y el prolongamiento de la vida.
Sin embargo, al crecer en un medio hostil, tanto para lo psiquico como para lo físico, generamos protecciones adicionales que degeneran en enfermedades mortales.
La sensación de peligro físico produce la creación de capas protectoras de grasa alrededor del cuerpo y los órganos vitales.
La hostilidad emocional y mental producen lo que ´podríamos llamar “ el callo emocional “, una especie de indiferencia anímica o insensibilidad y torpeza mental.
La creciente insensibilidad social, que manifiesta sólo acerca de asuntos triviales, dejando de lado problemas realmente importantes y la incapacidad cada vez más generalizada de manejar asuntos intelectuales “finos” es prueba de lo que estamos afirmando.
Con ayuda de los artefactos tecnológicos de punta, nos vamos convirtiendo rápidamente en autómatas estúpidos que deambulan por el mundo sin ideales ni objetivos que no sean materiales (como tener el último modelo de smart-phone).
El resultado es un ser humano que piensa poco, ama superficialmente, atesora rencores y necesidades de auto-importancia, es tedioso por definición y carece de la sensibilidad para darse cuenta de que aburre y hostiliza al prójimo. Estas cualidades, sumadas a un puesto de poder producen grandes desmanes, pero a no engañarse, cualquier hombre común se vuelve un déspota al adquirir poder, ya que toda su formación y alimentación facilitan esto y no su opuesto.
Es claro que desde el terreno de la alimentación física y astral podemos mejorar grandemente a esta cáscara que vive en este planeta, pero eso no basta.
Aparentemente, dentro de la especie mal llamada “humana” hay unidades que tienen cierta conexión con una entidad increada, el espíritu.
Mientras el cuerpo es terrenal y la psique (alma) es creación de Dios, el espíritu es el ser innacido e inmortal, el cual no es inferior a ningún dios y absolutamente superior a cualquier demonio, incluyendo los que se hacen llamar dioses y los ahora de moda arcontes.
Estas personas, ligadas a una entidad espiritual, se caracterizan por una infinidad de virtudes que las diferencian de la especie humana común, aunque esto no es percibido claramente por la misma. Generalmente el humano común sigue a un líder o envidia a alguien sin saber por qué y es allí cuando se trata de individuos de esta humanidad aparte de la que hablo.
Algunas de las virtudes de estos seres espirituales son: creatividad, mentalidad fina y profunda, capacidad innata para resolver problemas, emocionalmente maduros, amorosos, pacíficos por naturaleza (pero capaces de ser temibles guerreros), liderato natural, etc.
Podríamos creer que terminan siendo jefes de todo, pero no es así. Los más agudos saben de los peligros que esconde el poder y se alejan de él, llevando generalmente existencias apartadas. Tal vez hayas conocido a alguno de ellos durante su juventud, pero a partir de la madurez y de la toma de consciencia de la hostilidad del medio ambiente, se recluyen o tienden a ocupar puestos educativos, actividades artísticas, o cosas por el estilo.
La buena noticia es que cualquier peersona común puede desarrollar ese puente con el espíritu increado, el bodhichitta, la famosa barca. La mala es que la humanidad en conjunto y toda su educación y objetivos, marchan hacia lo contrario.


