En el siglo XIII un monje japonés escribía que “el seguir doctrinas erróneas conduce a los hombres al infierno”.
En su criterio, el infierno no es un lugar físico donde se queman las almas, sino el estado más bajo de la psique humana, la depresión.
Quizás sus palabras hubieran pasado desapercibidas para mí, de no constatar que, realmente, nuestras creencias, sobre todo las religiosas, nos llevan a la autodestrucción.
Las religiones sustentan propuestas que, debido a sus características, promueven conductas y estados de vida negativos, a la vez que mantienen en el fiel la condición de ignorancia con respecto a la verdad, mismas que cristalizan sus creencias erróneas y las transforman en verdades axiomáticas.
La teoria de la resurrección de la carne es un absurdo en sí misma, resultado de una interpretación equivocada de las enseñanzas, sostenida a ultranza como si se tratara de un argumento racional.
Luego siguen, en otras formas religiosas, los que creen en la reencarnacion, el paso a la 5ta. dimensión, el tunel de luz y las clinicas espirituales en el cielo,
Finalmente, los que piensan que con la muerte, se acaba todo.
La mejor evidencia de que una sociedad es conducida por creencias erróneas es el resultado de las mismas, el tipo de vida que tienen sus integrantes.
En una sociedad donde los valores se van desintegrando en favor de una aparente apertura que no es tal, donde predominan los hechos aberrantes, donde rara vez vemos una manifestación real de verdadera humanidad, en una sociedad así, digo, no se puede hablar de creencias verdaderas.
El engaño es viral y presente en todas las expresiones de la sociedad, desde el sostenimiento de una falsa ciencia, hasta la información deliberadamente viciada de los medios de comunicación.
Falsos positivistas que dicen que si piensas en positivo te ira todo bien, cuando vives en un planeta donde reina la dualidad, pero con trampas. Donde el esfuerzo y la inteligencia no bastan, ya no para tener éxito, sino, al menos, para llegar a la vejez con un retiro digno.
Los mentirosos se están quedando con todo, la gente pierde sus casas por las hipotecas, los sueldos bajan y los precios suben y en medio de todo eso aparecen feas feministas pidiendo la muerte de los hombres… es que no ven que el hombre ha muerto, ya hace tiempo.
Y hemos muerto porque perdimos la impecabilidad, ese don del guerrero de ser impecable en su conducta y proceder.
En cambio, vemos al ideólogo de las redes sociales que habla muy bien de teología y cosmogonía, pero que, luego, envía fotos de sí mismo mostrando sus atributos sexuales. Lo sabio no quita lo perverso, parece decir.
Pero no crean que todo es falso, en medio de todo esto, lo verdadero se diluye y nadie lo nota.., El cabal sensei de artes marciales es opacado por el falso 12vo. dan de un arte de guerra recién inventado. Es la era de las técnicas de los servicios de inteligencia y cuerpos de elite, lejanos en su idiosincracia al honor y la espiritualidad de las artes tradicionales, que eran caminos reales a la auto-consciencia.
Habría lugar, entonces, para que nos preguntemos qué estamos haciendo… en qué creemos. Pero no, en realidad, nos ponemos más tozudos y aseguramos defender la forma de vida occidental y cristiana.
Cuando alguien pregunta sinceramente, podemos decirle que la cuestión espiritual no radica en la forma en que vamos a continuar existiendo en esta dimensión 3D o si saltamos a la 5ta. dimensión como si fuera tan fácil hacerlo sin volvernos locos. El asunto se asienta en que seamos coherentes y unifiquemos nuestra personalidad, para que en ejercicio de la voluntad podamos acceder a una consciencia expandida. Algunos ya la tienen, así que no es un imposible. Abandonar toda creencia es fundamental, toda vez que las “posiciones” religiosas, políticas y sociales nos encasillan y por lo tanto, nos limitan.
No hay peor enemigo de la conciencia en expansión que la creencia de fe,

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