Vanidad… A los seres humanos nos sobra vanidad y nos falta sabiduria, inteligencia, discernimiento.
Así de fácil leemos un libro de alguno de los autores trasnochados de moda, que han bebido de las aguas estancas del sin-sentido, autodidactas de la remoción del juicio y nos convertimos en guerreros conscientes y despiertos, listos para arrastrar por la tierra a cualquiera que se nos ponga en el camino, tal como hizo Aquiles con el noble Héctor.
O cogemos alguna dieta de esas que matan el cuerpo poco a poco, sin considerar qué nos hará con los años, pero que nos hace sentir que somos mejores, simpáticos con los animales, prontos a tratar de cavernícolas a los comensales regulares de la fonda.
Sólo se trata de sobresalir, abandonar la chatura cotidiana, esa que no se va, esa que cargamos en el día a día, en el trabajo y en la escuela, en el supermercado y en la cama.
Vanidad y aburrimiento. Un aburrimiento que desgarra, que convence, que disloca a la loca mente.
Algo qué decir. Algo inteligente que haga que la gente nos mire y admire, un poco de brillo en el botín viejo y desgastado, un pretexto para justificar el haber leído poco o el tener la barriga hinchada.
Fácil inventamos historias de judíos reptilianos, controladores del mundo, raza de satánicos… y caen en la fila de los condenados, también, Einstein, Spinoza, Mailer, Frida Kahlo, Modigliani, Marcel Marceau, Stanley Kubric, Bob Dylan, Billy Joel, muchos de los grandes actores… y de paso… Jesucristo.
Fácil la humanidad se convierte en borregos, cobardes e inútiles, en las mentes de los abogados del Reich, que jamás se han jugado ni medio testículo en los campos donde se realiza la verdadera lucha.
No me hablen de marxistas, ni fascistas, ni me digan que Hittler fue un santo… yo revisto en las filas de los desesperados, los carne de cañón, los nacidos para perder, los idealistas sin remedio, caballeros andantes, Quijotes de la clase trabajadora.
Y porque tenía miedo, me volví mortal y peligroso, en un lugar donde ni las armas te garantizan inmunidad. Y fui trinchera, defensor de damas en peligro… enemigo del pueblo.
Vanidad… donde vea, veo vanidad…

