Cualquiera que haya leído y participado de los debates que se suscitan cuando hablamos de la figura de Jesus, la veracidad de la Biblia y el cristianismo en general, se dará cuenta de que existen diferencias palpables y que difícilmente nos pongamos de acuerdo.

Y esto es lógico, porque estamos hablando de creencias muy arraigadas en la sociedad, con fuertes instituciones que las apoyan y gran cantidad de seguidores, posiblemente mayoría.

El problema más grave con que nos enfrentamos es que las fuentes no son confiables, están escritas en lenguas que no conocemos (nosotros) y no hay fácil acceso a los documentos originales.

Por esto, no nos queda, desgraciadamente, más remedio que aceptar a regañadientes los comentarios de escritores e historiadores y analizar la lógica de los relatos, así como compararlos con otros similares pertenecientes a otras creencias.

No sucede lo mismo con el budismo, que está apoyado por 12.000 sutras (aunque muchos de ellos son hasta 600 años posteriores a la supuesta muerte de Buda), haciendo la salvedad de que casi todos comienzan con la frase: “así he oído”, de manera tal que el autor no está tratando de mostrar que era discípulo directo de Gautama.

Sin embargo, el budismo es una línea de enseñanzas orgánicas y completas, en tanto que el cristianismo, al igual que el hinduísmo, son religiones basadas en el relato de hechos.

Por esto no se habla tanto de las enseñanzas de Jesús, como de los hechos que marcan su vida.

Creo que todo el debate se inicia con la publicación de los manuscritos del Mar Muerto y el descubrimiento de los de Nag Hammadi, estos últimos, según parece, pertenecen a comunidades cristianas primitivas, en tanto que los de Qram no guardan ninguna relación con el cristianismo, ni en los conceptos religiosos, ni en el relato de algún maestro que pudiéramos interpretar que se tratara de Jesus. Se ha tratado, sin consistencia alguna, de emparentar al mencionado “Maestro de la Ley” (aparentemente uno de los lideres esenios) con el nazareno y hasta con Juan el Bautista, sin que haya en verdad ninguna coincidencia real en ello.

Los de Nag Hammadi, por su lado, fueron escritos en copto, entre los siglos III y IV de nuestra era y pertenecen a comunidades cristianas gnosticas.

Recientemente el Profesor F. G. Bazán contempla la hipótesis, avalada por diversos materiales escritos, ajenos a los folios de los escritos que forman las páginas de los códices y que fueron encontrados en las tapas de algunos de los códices, que la Biblioteca de Nag Hammadi era propiedad de un grupo de gnósticos ascetas que podían convivir con otros grupos en la región de la Tebaida,​ y más concretamente, una comunidad ascético gnóstica de mujeres y varones de mediana cantidad de miembros asentada por la zona de Khenoboskion con lazos interactivos con otras pequeñas comunidades iniciáticasradicadas en la zona de Alejandría y el sur de El Cairo hacia el Norte.

El redescubrimiento de las posturas y planteamientos filosóficos y teológicos del Gnosticismo cristiano expuestos en algunos de los textos de la Colección de Nag Hammadi, han sido y siguen siendo contemporáneamente, objeto del mayor interés en el campo de la Psicología transpersonal pues gran parte de los textos gnósticos cristianos se valieron del simbolismo, la metáfora o la alegoría para expresar no sólo el proceso de la Creación desde el Dios Absoluto e Inmanifestado, Agnostos Theos, sino también la naturaleza del microcosmos, del mundo interior, del ser humano y la búsqueda de plenitud de su condición. Por ello Jung, padre la Psicología analítica y uno de los más destacados exploradores de la psique de nuestro tiempo, atraído por las doctrinas gnósticas concluyera: «es claro e indudable que muchos de los gnósticos no eran otra cosa que psicólogos».

Desde mi punto de vista, los evangelios gnosticos revisten mayor confiabilidad que los del antiguo Testamento y muestran una filosofía determinada y completa, no basada en el dudoso texto del Antiguo Testamento, manipulado y corregido hasta el cansancio por la iglesia romana, en tanto que estos manuscritos se han hallado en estado prístino, en lengua original y libres de toda modificación posterior.

Acceda a los codices de Nag Hammadi AQUI

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