En algunas culturas, los guerreros se comían el cuerpo, el hígado o bebían la sangre de sus enemigos derrotados, si éstos eran reconocidos por su valor. De esa manera, el vencedor creía que absorbía el valor de su adversario muerto.
Esta creencia posiblemente proviene de oscuros sacrificios rituales antiguos para alargar la vida.
En el presente, se han hecho muchas denuncias (sin probarlas) de que personajes de la elite o el mundo artístico devoran fetos, bebés o niños para obtener longevidad. De alguna manera los tratamientos cosméticos con células de no natos siguen este principio…
La idea no puede menos que remitirnos al ritual cristiano de la misa, donde el sacerdote ofrece al creyente “el cuerpo de Cristo” (en forma de hostia o pan) mientras él bebe la sangre (la esencia)… un ritual de indiscutible origen demoníaco y de magia negra.
¿Qué produce este ritual en los creyentes?
La postura del sacerdote como centro de la reunión e intermediario entre dios y los creyentes coloca a éstos últimos como proveedores de su energía, la cual es tomada por el sacerdote y canalizada hacia su dios. De esta manera se completa el ritual de antropofagia (física y energética) similar a los sacrificios humanos y de animales que se realizaban en el pasado (y posiblemente en el presente también)
Devorar el cuerpo del mesías puede interpretarse de muchas maneras, sobre todo porque no se le permite al creyente beber la sangre (la esencia representada en el vino) del cáliz negro de la misa, sino sólo el cuerpo, es decir, la cáscara sufriente.
Una más de las sospechosas prácticas de la iglesia que los seguidores realizan sin reflexionar acerca de ellas.
De esta manera la humanidad ha sido parasitada desde los comienzos de la historia oficial, a través de diferentes costumbres religiosas, que no han variado en contenido, a pesar de los argumentos pretendidamente civilizados.

