Actualmente, estamos siendo testigos de dos grandes movimientos migratorios: de los países africanos y de medio oriente hacia Europa y de Centro y Sudamérica hacia los Estados Unidos de Norteamérica. Esto no es más que el reflejo de la opresión económica y social que se sufre en los países mal llamados “no desarrollados” y que deberían ser reconocidos como “depredados por las naciones poderosas”. Asimismo, es una confirmación de la exitosa campaña de destrucción cultural de los países “sometidos”, a los que se les impuso como modelo las civilizaciones del primer mundo.

Sin embargo, pecaríamos de simplistas si no reconociéramos la mano oscura de ciertos intereses económicos por destruir el nivel de ingresos y beneficios obtenidos por los ciudadanos de naciones del hemisferio norte, en una movida de manipulación de corte maquiavélico.

Resulta sin embargo, al menos, curioso el rechazo de los habitantes de estas naciones del primer mundo a la horda que se aproxima cuando casi todos ellos son descendientes de inmigrantes que, a su vez, debieron huir de sus tierras natales por razones similares.

Claro está, que el temor se acrecienta debido al gran número que, aparentemente, emigra y al hecho de que se les ha promovido como individuos perezosos, que van a vivir de la ayuda pública, robar y de paso, violar y matar mujeres.

Como inmigrante, con una fuerte preparación profesional y un presente desalentador, me gustaría expresar por qué salimos de nuestros países y a qué nos enfrentamos en los nuevos terruños.

A pesar del odio que muchos expresan hacia países como USA, entiendo que lo elegimos porque consideramos que es un estado que “funciona” correctamente, dentro de un marco de igualdad, libertad y justicia que abarca a todos por igual, elementos que faltan en nuestros países natales.

Nos asiste el derecho de ser humanos libres en un planeta con fronteras y limitaciones arbitrarias, con los mismos derechos que cualquier humano a vivir dignamente.

Al mudarnos, nos encontramos con personas buenas y solidarias, pero en el ámbito laboral seremos, generalmente, estafados y abusados, ya que muchos “nativos” consideran que el inmigrante debe cargar con las tareas que nadie quiere hacer, aún en desmedro de su preparación profesional y recibir una paga muy baja o ninguna a cambio de sus servicios.

Peor aún resulta si caes en trabajar para otros inmigrantes que han logrado una mejor posición social. O con amigos que te hacen favores a cambio de servicios profesionales muy caros que nunca te pagarán.

Y te resultará inevitable la expresiones de enojo de los nativos si las cosas te van demasiado bien, pues se sentirán robados aunque les estés dando empleo.

Mientras tanto, toda tu vida se resentirá, deberás afrontar el desarraigo, la falta de amigos, las diferencias en el lenguaje, la comida y las costumbres sociales y en la mayoría de los casos, la pérdida de tu pareja.

Sería injusto si no reconociera, sin embargo, que muchas personas se apiadan del inmigrante, lo respetan y ayudan como un igual (que lo es) y nos hacen sentir como en casa.

Deberás callar muchas cosas, sobre todo tus opiniones sobre los asuntos políticos, las malas costumbres alimenticias u otros asuntos que conforman el orgullo nacional de aquellos que creen en algo llamado orgullo nacional.

Porque al haber salido de tu país, es probable que lo hayas hecho por una ineludible toma de conciencia de la realidad y la búsqueda de una existencia más acorde a tu criterio, lo cual difícilmente hallarás en ningún otro lado, pero que se mantendrá en tí como una visión expandida, terriblemente crítica.

Ser inmigrante es una experiencia a la vez clarificadora y atroz. Desgarradora y liberadora.

Recibir inmigrantes en masa es una de las amenazas más aterradoras del presente.

El mundo marcha hacia grandes movimientos poblacionales, cambios climáticos y caída de muchas estructuras, tales como la política, religiosa, educacional y económica y la mayoría de ellas son de difícil o imposible adaptación.

Los choques, matanzas, crímenes, desabastecimiento y otras atrocidades se ciernen sobre la humanidad con fuerza implacable, a lo que se agrega la desconfianza en gobiernos ineptos y corruptos.

Prepararse adecuadamente para esto no es posible, sobre todo porque los medios lo ocultan y tú te niegas a leer e informarte apropiadamente.

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