Todo lo que tiene vida en este sistema se alimenta de un proceso cíclico que, si se interrumpe, compromete la vida de algunas o todas las especies intervinientes. En el caso de la Humanidad, además de estar ligada a los ciclos naturales, lo está a las estructuras que se ha fabricado artificialmente, estructuras que también están limitadas a la rueda de surgimiento, crecimiento, decaída y muerte.
De todas estas estructuras, la que se nos hace más evidente es la del estado, aunque está irremediablemente ligada a las corporaciones e inclusive a la religión, de tal manera que desarrolla una capacidad de autonomía que la separa del proceso natural, poniéndolo en peligro.
En los últimos tiempos, hemos comprobado que los gobiernos (regidos evidentemente por las corporaciones que pagan sus campañas) son insensibles a la realidad ambiental, muchas veces fingiendo interés irreal o desviando los fondos destinados para la protección ambiental a otros gastos.
La realidad es que los ecosistemas están seriamente comprometidos y sufren una destrucción acelerada, sobre todo a la vista de los cambios atmosféricos.
Tomando como ejemplo a Puerto Rico, pues es donde residimos, podemos decir los siguiente:
La isla ha sido seriamente devastada por los huracanes y sufre un ligero cambio climático, sumado a la erosión de sus costas (marinas, riveras y lacustres) y a la pérdida de especies forestales y plantas, con la consiguiente desaparición de fauna, sobre todo avícola.
Esto se suma a una alta producción de residuos domésticos e industriales que no son procesados ni reciclados y al descuido de muchos habitantes que arrojan sus desperdicios en los lugares de recreo.
La isla tiene áreas de alta humedad como el Yunque y otras secas como Ponce, en las montañas llueve a diario y han sido creados varios lagos artificiales con la intención de acumular agua para las épocas de sequía, que duran unos dos meses al año.

El mas grande de estos lagos es el que está a mayor altura, 1.800 pies sobre el nivel del mar y es el llamado Lago Carite, compartido por los municipios de Guayama y Cayey.
Está ubicado entre montañas, en un entorno de “rainforest” similar al Yunque.

La foresta fue arrasada por el huracán María y no se ha recuperado, los árboles, pinos la mayoría, no eran adecuados para el sitio y el bejuco ha reemplazado a la población habitual de arbustos. El bejuco es un buen fijador del terreno y provee de una capa de hojas que lo protegen y fertilizan, habida cuenta que se trata de una zona de tierras ácidas.
Tanto el gobierno como la DNRA (Direccion de Recursos Naturales) no han intervenido para nada en el sector, debido, posiblemente, a escasez de recursos económicos.
El temor mayor reside en que la deforestación sufrida continúe con el desgaste de los terrenos (muchos de los cuales han sido literalmente “tragados” por el lago), produzca más cambios en el régimen de lluvias, más derrumbes y finalmente comprometa no sólo la fauna, sino también el valor de la reserva de agua.
Está claro, también, que a medida que aumente el daño ambiental, el valor de las propiedades continuará disminuyendo, una pena para una zona de la belleza y atracción turística como es el Lago Carite.
Por estas razones es que se requiere de un cambio de mentalidad en los habitantes de la región, para que pasen de la demanda a la acción directa. Es decir, no esperar nada más de los entes gubernamentales o procesos judiciales y confiar en su unión y solidaridad para realizar verdaderos cambios, no sólo en defensa de sus propiedades, sino de la vida misma.
A muchos esto no va a interesarle, otros dirán que sus espíritus atrapados en la materia odian este mundo y no van a hacer nada por él, mientras esperan a ser llamados a vivir en Hiperbórea, Asgard o el paraíso prometido.
Pues a mi no se me ocurre que alguien se gane el pasaje al mundo de luz, cuando no ha hecho nada por este de aquí, que es su realidad presente. No puedo imaginar, tampoco, que hayamos venido para otra cosa como no sea empoderarnos de la Tierra y recuperar su antigua belleza.

Aprender a mirar más allá del umbral de nuestra puerta, es lo que necesitamos, para descubrir y desarrollar el mundo en el que queremos vivir, a pesar de las limitaciones corporativas.

Nunca más dormirnos en las iniciativas gubernamentales, defender nuestra tierra contra sus verdaderos enemigos…

