Entró a la casa de su ex-esposa, la mató de cinco disparos y luego, se quitó la vida (uno se pregunta por qué, si ya había decido matarse, tuvo que tomar la vida de otra persona antes).

Este es el caso extremo, el que aparece en las noticias, pero el problema es mucho más amplio y abarca a más personas, muchas de las cuales ignoran que tienen este síndrome.

La prepotencia, palabra vulgar para denominar a la soberbia y el egotismo, es un mal propio de las personas con deficiente auto-estima… casi generalizado, diría…

Abarca a gobiernos, amigos, jefes y hasta compañeros de trabajo.

El síntoma es típico: está todo bien hasta que te pones en desacuerdo con él/ella en algún tema. Entonces surge el odio y la ofensa. Porque no pueden simplemente dialogar sobre algo, la contradicción les hiere profundamente. No pueden aceptar perder el control que tienen sobre ti.

Desde el esposo o ex-esposo celoso, hasta el amigo que otorga favores (aparentes), pasando también por los gobiernos… todos parecen querer tener control sobre tu vida. Y se ofenden cuando lo pierden.

El gobierno te tira la fuerza policial. El hombre mata a su pareja. La esposa se niega a dialogar sobre los gastos. El hijo reclama sin dar nunca nada. El padre exige obediencia y el derecho a elegir tus novias/os. El amigo que da favores te controla a través de ellos y es fácil descubrirlo, simplemente, rechazando dichos favores (y no tengas dudas de que ya se los ha cobrado con creces con pequeñas cosas que te pide).

En todos los casos el síntoma es la ofensa, el despecho, la incapacidad de dialogar y reconocerte como su igual: un ser humano inteligente y con derecho a la vida.

En una humanidad normal, este tipo de relaciones no existiría, porque el simple hecho de saber escuchar en la misma medida que hablamos, tener capacidad de comprensión y respetar la dignidad de la vida, hace que la ofensa no aparezca, porque tampoco existiría ese deseo irrefrenable de controlar a los demás (basado en el miedo, sin dudas).

En internet se ve a menudo, al que refuta un comentario argumental y agrega algo acerca de la “soberbia” del que comentó, con indudable afán de desacreditarlo en lo personal. Hermano: si hablamos del color de la fruta, no es necesario que me psicoanalices…

He ido quitando de mi vida a las personas que son incapaces de dialogar y eso ha provocado que quede prácticamente solo, así de generalizado está este síndrome pues, como ya dije, se origina en el miedo… y aunque lo nieguen… todos temen.