Hace algunos años, mis amigos Javier y Christophe sugirieron que buceara con ellos los fines de semana. Ellos son muy abiertos pero estaba la limitación de que eran jóvenes y yo no.
Yo habia obtenido mi licencia de scubadiving en mar abierto (buceo con equipo de tanques e instrumentos), pero ellos practicaban freediving que es la modalidad donde usas solo chapaletas, máscara y snorkel y dependes únicamente de tu capacidad pulmonar para permanecer bajo el agua.

Pronto fuimos un grupo regular de cacería que se reunía casi todos los fines de semana a disfrutar de este deporte en la costa este de Puerto Rico, generalmente en mar abierto.
Personalmente no me gusta comer pescado, de manera que, cuando salíamos de cacería, procuraba no acertarle a ningún pez con mi arpón, cosa que es bastante fácil considerando el espacio que hay en el mar.

Un día, al atardecer, me propusieron salir por la noche a cazar langosta en los arrecifes. A ver si me explico, bucear es peligroso, pero hacerlo de noche lo es mucho más y peor aún en los arrecifes.
La idea era cazar sólo algunas langostas, del tamaño permitido y comerlas con la cena en nuestro barco.

Pensé en que soy un hombre maduro, el bote se debe anclar lejos de los arrecifes, lo que suponía nadar hasta ellos, bucear durante una hora más o menos y luego volver nadando a la embarcación. Pensé que podía morir en aquella aventura. Pero también me dije: voy a lamentar más no haberlo hecho que morir…
Estas salidas nocturnas, posteriores a las diurnas, se repitieron durante un par de años, para satisfacción de todos.
Mucho tiempo después recuerdo con anhelo aquellos días de aventuras y adrenalina corriendo por mis venas. En verdad, no me arrepiento de nada de lo hecho, por el contrario, me arrepiento de las cosas que no hice.
Mis cartas me llaman a la prudencia, pero saben qué, mis cartas siempre lo hicieron. ¿Y qué hace uno? ¿Elegir la jugada segura? ¿Siempre la jugada segura?
Los besos que no di, las mujeres con las que no hice el amor, las montañas que no escalé, los aviones a los que no me subí… he aquí los objetos de mi arrepentimiento. Nunca en lo que hice, sino en lo que no hice.
Hoy la vida me tuerce el brazo para que me retire. Mis viejas amigas, esas que uno atesora porque son importantes en tu vida, hablan de reunirnos para cuidarnos mutuamente.
Y entonces me veo en una cama, enfermo, postrado… peor aún… todos nosotros enfermos y postrados.
¿Que tal si cogemos la máscara, el snorkel y las chapaletas y nos vamos a cazar langosta?
¿Qué tal si le damos un revés a esta vida de mediocridad y seguridad y volvemos a alzar las velas?
Hay mares que no navegué, arrecifes que no buceé… si, todavía quiero hacer el amor desenfrenado… ¿por qué no?
¿Quien dijo que la vida se acaba a cierta edad?¿Que debo vivir mis próximos 30 años como si todo se hubiera acabado?
No lo acepto. No acepto tus reglas. El barco espera. La botavara vibra con el viento, esperando que la vela sea izada. Los amarres llaman para ser desanudados. !Ya vamos¡


