En los Estados Unidos nadie pasa hambre, ni duerme a la intemperie… esa es la idea al menos.

Paco Urrillaga es un inmigrante de sudamerica. Lleva veinte anos en los Estados Unidos. es residente legal y paga su impuestos puntualmente. Fue empresario y director ejecutivo. Ahora es un “senior“, esta retirado con una baja jubilacion y trabaja como guardia de seguridad, de sol a sol, para pagar sus cuentas.

Renta un pequeño pero agradable departamento en los suburbios de Houston.

Su mayor deseo es llegar a su departamento en las noches y poder ver una pelicula y descansar.

Pero no puede.

Francisco Hernandez llegó “mojado” de centroamerica hace un año. Tiene unos treinta años. Vive con su mujer y su hijo de 8 años. Renta en el mismo condominio que Paco, pero un piso mas arriba. La diferencia es que el estado paga su alquiler, lo que le brinda ciertas ventajas.

Vendiendo drogas hace la diferencia para vivir y de paso, las consume de gratis. Su sueño es ser musico en una banda tipica o cantante de regaeton.

Como no tiene necesidad de trabajar, Francisco puede pasar la noche sin dormir escuchando sus musicos preferidos de regaeton y ranchera y practicando su instrumento. Para esto se compró un poderoso equipo amplificador y su computadora obra como mezcladora de audio. Asi que reproduce su musica a todo volumen a cualquier hora que se le ocurra, por la tarde, a las dos de la madrugada, cuando tenga ganas, entre los espacios que su droga le permite.

Mientras tanto su hijo de ocho años corre y salta por el departamento en el que se encuentra, casi siempre encerrado, mientras sus padres comparten su adicción.

Esta es la justicia social americana modernista. El que trabaja y paga impuestos, no puede descansar y el mantenido no tiene respeto por sus vecinos.

Un dia de aquellos, Paco llego a su casa profundamente agotado, la guardia habia sido intensa y el calor cercano a los cien grados farenheit, su cabeza ardia, su cuerpo estaba mojado, tenia sed, hambre y mucho sueño.

Pero cuando llegó, Francisco estaba en uno de sus momentos de exaltacion, escuchando a todo volumen una especie de mescolanza de ruidos de maquinas con versos obscenos. Al mismo tiempo, el niño corria y saltaba y el techo resonaba como un bombo.

Paco tomo su arma de servicio, subio la escaleras cansinamente, derribó la puerta, le volo lo sesos al joven y luego destrozo a tiros los parlantes, que siguieron sonando por unos instantes.

Hoy esta en la fila de los que esperan a ser ejecutados. Puede dormir por las noches y no necesita trabajar. Dedica el tiempo restante de vida que le queda a leer, una de sus pasiones que tampoco podia realizar en su hogar.

Por suerte, Papa Estados Unidos cuida de todos nosotros…

Centinela