Llegue al Lago Carite, en Guayama, Puerto Rico, en los primeros dias del mes de setiembre del 2017, para colaborar en la realizacion de un proyecto de remodelacion y construccion de un centro turistico de cien cabañas ubicado a orillas del lago.
Este lago, que es la mayor reserva de agua de la isla, esta ubicado entre montañas a un mil ochocientos pies de altura con relación al mar, rodeado de bosques y selva tropical, conformando, en aquel entonces, una maravillosa vista.
Lo habitaban unas cincuenta especies de pájaros más los habituales lagartos y ranas “coqui” tipicas de la isla.
El propietario me ubico en una cabaña contigua a la piscina y el restaurante, en un espacio central del complejo, para que pudiera realizar mis estudios y diseños. Para mi era un buen trabajo, como para dos años o más y con posibilidad de quedarme, explotando alguna de las facilidades del parque.
A pesar del gran tamaño del centro turistico, no ocupaba más que una infima porción de la costa, compartida con otros centros y algunos habitantes de diferentes características, desde personas de buen nivel economico que tenian alli sus casas de verano o mansiones, hasta los trabajadores del area que vivian en chozas escondidas en la espesura del bosque.
Unos días despues de mi llegada, hubo una fuerte tormenta que no produjo mayores estragos, la cual soporte cómodamente en mi cabaña.
Mis unicos contactos humanos en el área eran el propietario del lugar, que vivia muy lejos, de manera que sólo se aproximaba unas pocas veces y mi amigo, quien me habia conseguido este trabajo, que tampoco vivia alli y esperaba obtener su participacion de mi trabajo.
Unos días después comenzamos a recibir las noticias del huracán Maria que se estaba formando y parecía tomar dirección hacia Puerto Rico.
Al carecer de experiencia en este tipo de asuntos, le pregunte a mi amigo que debia hacer, si buscar espacio en un hotel o volver a la ciudad, a lo que me respondió que no me preocupara, que los medios exageraban, que de todas maneras no pasaría cerca y que si lo hiciera, las cabañas soportarían el embate, habida cuenta de que llevaban cuarenta años en el lugar y habian ya soportado muchos huracanes.
A la madrugada del día veinte, los vientos comenzaron a sentirse, junto con fuertes lluvias. El pronóstico habia sido acertado y el huracán estaba pasando justo por encima del lugar donde vivía.
Todavía no habia amanecido cuando la cabaña comenzó a sacudirse y un torrente de agua proveniente del segundo piso cayo sobre el primero, donde me habia resguardado por precaución.
Tomé mi mochila para emergencias y salí a resguardarme en mi camioneta, comprobando que aquello era un infierno, el segundo piso de mi cabaña habia perdido el techo y dos de las paredes y los arboles, líneas eléctricas, postes, refrigeradores, muebles y otros objetos, volaban como si fueran de goma espuma.
La visibilidad era casi cero, la foto siguiente muestra lo que podia verse desde el interior de mi vehículo.

Moverse resultaba imposible, pero quedarse alli tampoco era aceptable, habida cuenta de los objetos que caian desde el cielo.
Avance con mi camioneta a ciegas, hasta que un arbol cayo delante de ella y al tratar de empujarlo, el carro se trepo sobre el tronco y las ruedas quedaron girando en vacio.
Descendí y emprendí la marcha a pie hacia una cabaña que quedaba al inicio del complejo y que, al ser de ladrillos, esperaba hubiera resistido el ataque de Maria.
El viento me llevaba por los aires, las cosas volaban y caían a mi alrededor, “algo” golpeó mi cara, sabía o creía que seguramente tenia una gran herida en mi rostro.
Caminé y caminé y me percaté del extraño y completamente aterrador sonido que emitía la tormenta. No era el ruido habitual de una tormenta tropical, sonaba como a miles de gritos de horror…
Al tiempo y en la medida que aclaraba el día, pude ver que el viento, con una fuerza abrumadora, tomaba las cosas y las retorcía , como si poseyera garras. Así, las ventanas, paredes y techos eran atrapados por esas garras gigantes y extraídos de sus sitios y luego arrojados a un lado.
Toda la vegetación era arrasada sin distinción, me imagino que los pájaros murieron todos o en su gran mayoría.
Al fin al llegar a mi refugio, note que habia perdido las tejas del techo, pero que el resto podia asegurar cierto cobijo. Al entrar ate las puertas a una columna central para que no salieran disparadas hacia afuera y clave las ventanas que ya estaban recibiendo el efecto de extracción de los vientos.
El resto fue luchar contra el agua que ingresaba y mantener la vivienda lo mas entera posible. La lluvia fue intensa, parte de las montañas circundantes se desmoronaron sobre la única carretera existente en el lugar, duro hasta el anochecer, cuando el fenómeno se retiró ávido de otros escenarios para destruir. La lluvia, no obstante, nos azotó durante muchos días, pero ese es otro cuento.
Nada mas que agregar, excepto que el lugar, cuatro años después, continua abandonado, con la mayoria de sus recursos arruinados y el propio lago en condiciones de emergencia por el derrumbamiento de sus costas.
Mi experiencia personal es que la naturaleza mostró indudablemente una furia implacable y un poder incontenible. No resulte herido en la contienda y, por el contrario, mi vida mejoró en muchos sentidos, no así mi trabajo que quedo perdido para siempre y que, acompañado de los sucesos posteriores, continúa por senderos indefinidos.
Creo que la mayoria de las aves del lugar han desaparecido, así como muchas especies vegetales. Intenté iniciar una campaña de recuperación con los vecinos, pero fue infructuosa, ellos estaban más interesados en sus peleas vecinales y aspiraciones políticas, que en salvar el paraíso perdido.
El grupo ECA Environmental Civil Action, quedó como despojo de todo ese intento, que envolvió a especialistas de USA e intentó alguna respuesta del Departamento de Proteccion Ambiental.
Es evidente que el interés humano esta focalizado en las construcciones y no en la naturaleza, la cual disfrutamos y damos “por descontada”. Mucha ignorancia y mucho egoísmo hicieron que me fuera de allí con gran tristeza, nada pudo hacerse.
En mi corazón quedan las imágenes de esa tierra verde y su lago de aguas cristalinas, las vertientes de agua pura…
Antes de irme esparci miles de semillas, de arboles y plantas, espero que alguna vez la tierra las tome y germinen, nadie sabrá quien las sembró… pero están allí…
Centinela





Si quieres conocer mas sobre este suceso, lee mi libro:
![Survive: In the bowels of Puerto Rico during hurricane Maria by [Juan Laborde]](https://m.media-amazon.com/images/I/51ZXRJ1iWUL._SY346_.jpg)
