Como todo hijo de familia occidental, fui criado en la idea del destino predeterminado; para, más tarde y por influencia de las filosofías orientales, trastocarlo a la idea de karma: causa y efecto, ley física cósmica.
Como consecuencia de ello, he aceptado frecuentemente fracasos o mal pagos considerando que se debían a mi deuda karmica de otras vidas, deuda que no recuerdo, pero no puedo dejar de pagar.
Ya en edad avanzada, se puede decir que soy un hombre maduro y a pesar de haber visto muchas veces cómo la vida se cobra las cuentas de posiciones mal habidas, me pregunto por que sigo fracasando y recibiendo malos pagos.
Desde una posición económica no mala, pero sin futuro, hasta el sentimiento casi perpetuo de que no soy amado de la misma manera que yo amo, se sucede todo en una secuencia que finaliza en una tristeza continua.
Y como que, a consecuencia de ello, comienzo a enojarme con los Señores del karma y con un Dios al que, decididamente, se le va la mano.
Es entonces cuando me surge una idea decididamente pecaminosa: Y si todo se trata de lo que soy capaz de conseguir? Quiero decir que mi amor, mi riqueza y mi bienestar futuro dependen UNICAMENTE de que yo mismo me los procure… dejando en el camino los cadáveres que sea necesario dejar.
Y si en vez de dar oportunidades… me doy una a mi mismo?
Como sea, los señores del karma me tienen harto, ya sé que no son amigos y los podría tomar como buenos maestros si encontrara alguna lógica a su proceder, pero la verdad es que la vida dista mucho de ser lógica y racional.
Las cosas son como son, ser bueno no te garantiza éxito alguno, puedes seguir perdiendo toda la vida sin que el karma te devuelva absolutamente nada.
Esa es la triste realidad.
Karma es, en realidad, acción, de manera que hay que accionar y aguantarse el ventarrón si lo que hacemos es erróneo y nos trae alguna maldición; pues de tanto pedir permiso nos estamos quedando sin entrar a ningún sitio.
Empezando por el hecho de que si la persona que esta a mi lado considera que no tiene ganas de darme mas, o que no me lo merezco, me iré por ahí a conseguirlo, porque está claro que no me hace bien sufrir de necesidades, cuando el mundo es abundante en casi todo.
Así, entiendo que si estoy pobre de casi todo, es porque no lo he reclamado. Hay tanta gente que necesita amor y esta/e que está a tu lado se da el lujo de brindártelo en cápsulas…
Y sin hablar de la convivencia… hay gente que cree que convivir armónicamente es que “el otro” acepte todos nuestros hábitos, aunque sean sucios.
Y eso incluye a mi hijo adolescente que se cree merecedor de todo y habilitado para criticar todo lo que hago y pienso. Que coja sus petates y se vaya a vivir solo o con amigos con quien pueda compartir su basura y sus cuentas.
Que no necesito al karma si ya el gobierno me saca todo lo que puede y lo demás se lo llevan servicios que estoy obligado a consumir y que no puedo reducir porque nadie en mi familia tiene interés en apagar las luces que no usa.
Asi que, de ahora en más, el que no va a aportar a mi felicidad, puede buscarse otra víctima.
