Aunque son los jóvenes la esperanza de cualquier grupo humano, son ellos, también, los que reciben la mayor cantidad de influencia dirigida a controlarlos, ya sea para volverlos inocuos o tornarlos en armas letales de ideologías extremistas.
Lo penoso es que las religiones los utilizan. Las herramientas son, esencialmente, informaciones parciales y limitadas y la transmisión de que, las mismas, son LA VERDAD.
Estos jóvenes, inmersos en redes sociales, universidades y grupos, banalizan otras creencias y agreden a las personas que piensan diferente de muy variadas formas.
Generalmente el proceso pasa por la ridiculización del adversario, si éste la resiste, la discusión airada y con insultos, luego el decirle al interlocutor que fue él quien insultó y se comportó con soberbia y finalmente puede desembocar en la agresión directa. Para esto saben acudir prontamente cuando uno de sus amigos se encuentra en una discusión ideológica.
Podría pensarse que esta forma de comportamiento fundamentalista es privativo de los musulmanes, quienes han recibido mayor publicidad en ese sentido; sin embargo, mi caso particular ha sido con católicos y escépticos.
A esta altura, las mentes más esclarecidas de la humanidad buscan un consenso de ideas, basándose en varias circunstancias: la primera y más importante es que al estar nuestra percepción limitada por conceptos y creencias pre-establecidos y por limitaciones propias de los sentidos, es poco razonable proclamar una verdad. Otra es la coincidencia ideológica de la mayoría de las religiones; cuando profundizas adecuadamente en los evangelios y los sutras, por ejemplo, te das cuenta que se trata de la misma enseñanza.
Jesús dijo: “Si el hombre come un león, se convierte en león y esto es bueno, si el león come un hombre, se convierte en hombre” (Evang. Copto Thomas). El león es el ego. Si el ego se devora nuestra parte humana, pasa a ser quien domina nuestra vida. Siendo asi predominara la animalidad en nosotros.
El ego siente como muerte cada vez que pierde una discusión, por eso reacciona con violencia cuando sus creencias son puestas en duda. Las ideas que se sostienen en el ego, no son espirituales. Pero el ego es como un mono capaz de imitar cualquier actitud, incluso la de sabio iluminado.
La fe no puede basarse en el desconocimiento. La fe proviene de la duda superada, si no es asi, no es fe, es fanatismo.
Si te sientes que has llegado al máximo de espiritualidad y estas por sobre todos los demás, es que tu ego te tiene totalmente atrapado y ciego. La verdadera espiritualidad no puede excluir, porque su forma de expresión es el amor.
La gente que se aferra a sus creencias y es capaz de herir por ellas, puede llamarse a si misma idealista, pero no se trata nada más que de fundamentalistas.
El dialogo es la mayor de las virtudes del hombre iluminado, el dialogo nos lleva al acuerdo, a la confianza y a la verdad.
