En el antiguo Mester de Caballería se hace mención a la forma de elegir un caballero y queda claro que, entre miles de personas comunes, existen apenas un puñado de guerreros y reuniendo a varios miles de guerreros, podemos encontrar, con suerte, un caballero.
Con el transcurso de la historia hubo muchos tipos de estos caballeros, en los tiempos que corren y con la energía que se aproxima, es el momento de los caballeros dragon.
Un caballero Dragón reconoce a un solo y unico Dios, que fue origen de la vida, de la energia primordial y de todos los universos que surgieron de ella.
Su propio espiritu es parte de esa energia original, por lo cual no hay nada superior a él o que pueda mediar entre él y el Origen. Toda su existencia esta orientada a retornar a ese estado primigenio.
Respeta, por sobre todas las cosas, esa esencia que le es propia y que está representada en toda criatura viviente, por lo cual se convierte en un amante y defensor de la dignidad de la vida.
Durante su experiencia vital aprendera a reconocer esa esencia y separarla de cualquier manifestación que pueda ocultarla o velarla, como es el caso del ego personal.
Como principio, el caballero dragon, se convertirá en enemigo de la ignorancia y todo velo que oculte la verdad.
Mientras mantiene domesticado su propio ego, se convertirá en fuente de luz para otros seres que deseen despertar.
Un caballero dragón es impecable.
Un caballero dragón habla con la verdad.
Un caballero dragón evita ofender, sin embargo su palabra puede ser dura como el acero.
Un caballero dragon no permite que su ego entre en batalla con otro ego, pues esa es pelea de tontos.
Un caballero dragón no se deja omnubilar por viejos cuentos de nobleza, honor, valor y moral.
Él convierte su propia vida en una saga de belleza, nobleza y valor.
Para lo cual, está siempre atento, como un guerrero que acaba de combatir, ha envainado la espada, pero espera a ser atacado nuevamente.
Despierta su ojo de dragón, capaz de ver la verdad o la mentira en las profundidades del mar, en la neblina o en la palabra del hombre.
Podemos decir que se reconoce, primariamente, por su humildad, por evitar hablar de si mismo y cuidar que el poder de su palabra sea resguardado por un sabio silencio.
Ni entusiasta, ni triste, ni abnegado, ni egoísta; transita por el camino del medio, con el corazón siempre tibio.
No busca ser ejemplo de nadie, mas sin embargo es tomado como ejemplo.
No trata de demostrar que sabe más que otros, pero su palabra es respetada en todas partes.
Jamás insulta o amenaza, pero su sola existencia causa terror a mil millas de distancia.

