
El siglo pasado fue el de la lucha por los derechos igualitarios de hombres y mujeres, en tanto que en la primera década de este parece haber sido el volver realidad esas conquistas.
Sin embargo es notorio el desequilibrio que impera en este sentido, desde sociedades donde se practica un machismo extremo hasta otras donde los reclamos caen en el vacío de la irrealidad. Sin embargo lo que nos interesa es hacer un análisis profundo de los orígenes de estas diferencias y el establecimiento de roles diferenciales.
Sabemos por enseñanzas esotéricas que los hombres no fueron puestos en la tierra con sexos diferenciados y que la división sexual fue producto de diversas manipulaciones que así lo establecieron ya sea por razones prácticas o simple evolución. De manera que partimos de mónadas asexuadas que pueden manifestarse como sujetos asexuados, razón por la cual la partición puede haber resultado, en origen, traumática. En los estudios de antropogénesis de H.P. Blavastky, si vamos a darle crédito, vemos claramente una segunda raza andrógina que es transformada hasta manifestarse en dos sexos diferenciados.
Esto, además, significa que nuestra esencia no tiene sexo determinado, pero que bien puede adquirirlo en funciones que así lo requieran.
Tambien implica que, en esencia, no hay diferencias entre un sexo u el otro, siguen siendo mónadas espirituales manifiestas en el plano material.
En nuestra vida primitiva, puestos en enfrentamiento con los elementos naturales, se dice que la mujer era colectora y guardiana del hogar mientras que el hombre era cazador. Desde entonces se establecen roles diferentes, le toca al hombre salir al peligro desconocido de la selva, ser explorador y cazador y ser despreciado si falla en sus funciones; mientras que la mujer debía ser buena en la fecundación y en el mantenimiento de su hogar.
Sin embargo, en contra de lo que se cree, estos roles no fueron establecidos basados en la fortaleza del cuerpo masculino, porque dudo que hubiera una gran diferencia. Por lo que he visto en la práctica, en la actualidad, la mujer sobrevive con más éxito debido a varias habilidades que las caracterizan.
En primer lugar es más resistente a enfermedades, carencia de agua y alimentos y posee una mente mucho mejor estructurada que el hombre, lo cual le permite afrontar los problemas con mayor entereza de ánimo. Para ser más claros: en una situación terminal la mujer tiene menos probabilidades de deprimirse y darse por vencida que el hombre.
Por otro lado, puesta en adecuado entrenamiento marcial – y esto lo digo basado en las décadas que he dedicado a la enseñanza de artes marciales – la mujer puede ser igual o superior combatiente que el hombre, hasta un punto que si existiera una diferencia en fuerza física, podría neutralizarla sin dificultad.
Lo que quiero decir con estos argumentos es que la idea de que los hombres salían a cazar y las mujeres no, parece haber sido acunada en épocas de desmedro de lo femenino, porque no existen razones reales para establecer a priori tales roles.
Me inclino a pensar que, en tiempos primitivos, las partidas de caza eran mixtas y que los grupos que se quedaban a cuidar los campamentos, también.
Posiblemente, cuando pasaron los siglos, cada sexo fue tomando características mas definitivas y entonces sí, hubo diferencia en los roles.
Pero desde un punto de vista de derecho, no existe ninguna razón valedera para que hombres y mujeres no compartan tareas, excepto en la que las propias cualidades individuales lo indiquen.
Dicho esto, toda la estructura viciada que tenemos cae en pedazos.
Porque además de las funciones de fecundar, engendrar, parir y amamantar, no debiera haber ningún rol pre establecido.
Y esto vale también para la idea de que debe ser el hombre el proveedor de los mayores ingresos en la casa.
Y ahora voy a un tema todavía más intenso: cuál es la razón para pensar que un hombre o una mujer deben ser PRODUCTIVOS, un joven ESTUDIOSO Y OBEDIENTE, etc.
Las razones se basan en las necesidades egoístas de quienes dominan el mundo. Pues tu puedes por derecho ocupar un cuadrado en una playa, debajo de un cocotero, y habitar ese sitio para siempre, sin trabajar jamas.
Pero entonces aparecerá el que se cree dueño de ese cuadrado y de la palmera, el que fue designado para cobrarte impuestos y hasta tus propios padres, para clamar en contra de tu inutilidad como ser humano.
Sin embargo, aun ante las pretensiones de los propietarios de todo, la verdad sigue siendo otra… y nosotros la conocemos.

