El tema es, en si mismo, muy controvertido y provoca la reacción iracunda de la gente, pero es conveniente que lo tratemos con mente abierta para comprender las costumbres de otras culturas y entender más profundamente la propia.
Lo primero es que deberíamos cambiar nuestras creencias con respecto al sexo. Por influencia de la cultura cristiana el sexo ha sido demonizado y llevado a la categoría de pecado, admisible sólo para la procreación con pareja consagrada ante Dios.
Esto nos condujo a conductas y juicios hipócritas, ya que casi todo el mundo practica la sexualidad como medio de obtener placer, más que como ejercicio de procreación.
Sin embargo otras culturas de mayor antigüedad y sabiduría consideran al sexo como sagrado y en las doctrinas tántricas constituye la práctica básica para la liberación espiritual.
En el “maytuna” hombre y mujer se unen consensualmente para liberar y comulgar sus energías sexuales, lo que activa la unión con su espíritu increado.
Visto de esta forma el sexo no es pecaminoso, sino sagrado. Desde el punto de vista de la salud mental y física constituye una necesidad que, lamentablemente, nos hemos propuesto negar y limitar todo lo que nos sea posible.
Las parejas con una equilibrada y enérgica actividad sexual, conviven con mayor armonía que las manejan su sexualidad con culpa.
Nuestro concepto “oficial” sobre la sexualidad, condenatorio y castrante, está totalmente equivocado y reñido con la práctica habitual de la mayoría de las personas de la especie humana.
Al ser el sexo “oscuro” y diabólico, puede “manchar” a las personas y, entonces, debemos proteger de esa “obscenidad”, sobre todo, a nuestros niños.
Esto me lleva a una escena de mi niñez, que llevo grabada en mi memoria por el efecto terrible que me causó. En mi familia había dos grupos de primos, de ambos sexos, que nos llevábamos unos 4 años de diferencia, éramos dos partidas de nacimientos de las mujeres jóvenes del clan. Una partida rondaba los 5 años y la otra los 9. Como se puede imaginar, todos éramos púberes e inocentes, más aún en esa época que no había tanta presión social ni pornografía encubierta.
Pero. además de inocentes, éramos curiosos, y con la falta de cuidado de aquél que hace algo sin saber que es “pecado”, uno de mis primos y una de mis primas de 5 años ambos, tuvieron una sesión exploratoria y fueron descubiertos, desnudos, en el jardín. Claro que no habían hecho nada, excepto tocarse sus”diferencias” y preguntarse qué pasaba ahí. Pero los adultos vieron el doble mal: sexo y realizado entre primos!!!! Fueron los gritos de los adultos los que me llevaron a la escena para presenciar una paliza injusta y enfermiza, en un grupo familiar donde las palizas no eran habituales.
Todavía hoy mi memoria se oscurece al recordarlo, pues esos adultos ESTUPIDOS realmente marcaron a dos inocentes, no sólo en su piel externa, sino en sus sentimientos.
La realidad es que el sexo no es obsceno, ni sucio. Pero las personas sí pueden serlo.
Por razones que no vienen al caso ahora y que constituyen el folclore de mis rarezas personales, tengo memoria de muchos sucesos de mi temprana infancia y puedo asegurarle a cualquiera, que nacemos con sexualidad, curiosidad por el sexo opuesto y DESEO. Al principio esa sexualidad se objetiviza en la madre y el padre de cada uno, pero poco a poco va desviándose a especímenes de la misma edad.
Y esto me lleva a una costumbre que es normal en algunas culturas, que aterra y enfurece a los occidentales y que forma parte de los íconos más controvertidos de nuestra cultura: LA PEDOFILIA.
En la antigua India era muy común el matrimonio entre hombres maduros y niñas. Las reglas morales para toda actividad en esos tiempos estaban vertidas en los sutras, así, había sutras para el comercio, el gobierno, la guerra y, por supuesto, para el matrimonio. Este último es conocido como el KAMASUTRA (sutra del deseo mundano), el cual no sólo muestra diferentes posturas para gozar de la actividad sexual, sino que constituye un manual de costumbres que se debían seguir durante la seducción, el pedido de la mano a los padres, etc. Entre toda esa enseñanza se incluye, también, como debía ser el trato del esposo con su esposa púber.
Si observamos, sobre todo, las estatuillas antiguas mostrando posturas sexuales (las cuales
pueden verse hasta en los templos por tratarse de una práctica sagrada) notaremos una particularidad muy especial en cuanto a la relación de tamaños corporales (ver arriba y abajo, a la derecha )
Sí, seguro lo has notado, la hembra es mucho más pequeña que el macho, casi la mitad de pequeña.
Las razones para que esto fuera aceptado en aquéllas culturas (y que continúa hoy en día en muchos sitios), no es que sean unos bárbaros desalmados, sino que:
- El sexo no es algo malo.
- Los humanos somos sexualmente activos desde los 12 o 13 años, a veces antes.
- Eran pueblos guerreros que perdían gran cantidad de hombres en las batallas y necesitaban aprovechar la fertilidad femenina al máximo.
- En muchas de esas civilizaciones hubo épocas donde la longevidad promedio era de 30 años.
Además de esto, quiero romper con otros mitos. Esto NO ERA ASI para poder manipular a las mujeres controlándolas desde niñas. En las culturas antiguas, sobre todo las chamánicas, la mujer era venerada por su capacidad para dar vida, muchas eran propietarias, jefas de clan, reinas, etc.
Por último, es interesante evaluar también otra costumbre que es más común de lo que se cree: el incesto y sexualidad entre familiares cercanos.
Esto proviene de la necesidad de preservar las líneas sanguíneas, sobre todo en las familias monárquicas. En la india se produce con la invasion aria (la cual para muchos de nosotros fue una invasion alienigena), donde la prohibición de mezclarse con castas inferiores (los arios eran blancos y los habitantes originales eran australoides de tez oscura) era rígida y los sigue siendo hoy en día.
Se ve también en familias judías, monarquicas europeas, etc.
Los antiguos dioses sumerios y egipcios practicaban estas uniones con hijos y nietos inclusive.
Por lo tanto y ya que ninguna de estas prácticas es ANTINATURAL ni DEMONIACA. Debemos coincidir en que su rechazo se debe a un modelo cultural.
Claro está, que un niño educado en esta cultura, se sentirá ultrajado si un adulto lo aborda sexualmente, pero no es la naturaleza, sino la moral la que está actuando. En cuanto a las relaciones entre familiares próximos, se dan muchos matrimonios entre primos y muchas actividades ocultas entre hermanos. Esa es la realidad.
Podemos argumentar que “asi está el mundo”, pero en verdad, lo malo no es el uso y costumbre, sino la castración de una actividad natural. Y este cúmulo de juicios hipócritas de escasa sabiduría, que sirven a motivaciones enfermas de verdad, la mayoría de ellas provenientes de una institución religiosa que no puede controlarlas dentro de sus propias paredes, no aporta nada positivo a nuestra salud sexual.
Para evitar los insultos personalizados y que se lea mi artículo de manera imparcial, quiero declarar que en este aspecto soy una persona absolutamente civilizada y moralizada. Todas estas limitaciones han tenido efecto sobre mi de manera tal que ni siquiera he tenido, alguna vez, la tentación de realizar alguno de estos actos. Sin embargo, creo sí que el sexo es sagrado y practicado con la persona adecuada, según ciertas técnicas, podemos, ambos, alcanzar la liberación.
![]()

