Fue a los fines de los 70’s que mi carrera dentro de aquella organización teosófica llegó a su cima. Dictaba clases a cientos de alumnos y más de una conferencia por semana en el gran salón, donde casi nadie podía atraer más de 50 personas, mientras que a mis charlas acudían entre 200 y 500…
Para estos tiempos, a pesar de que aún no había cumplido 30 años de edad, mi notoriedad era tal que la mayoría de la gente del ambiente me consideraba un iniciado.
Daba clases a jóvenes, a sacerdotes católicos, a adultos y creo que, cuando dormía, me daba clases a mí mismo.
Traté, siempre, de no ser muy arrogante; pero seguramente, fallé muchas veces. La búsqueda de la verdad, la espiritualidad, esta plagada de errores y caídas, algunas suaves, otras tremendas.
Venía dando una serie de conferencias sobre los templarios, un tema que me gustaba especialmente. Durante las diversas charlas, el auditorio había crecido y tenía una sensación muy particular de estar manejando emocionalmente a mi público.
Aquella noche, al finalizar, la mayor parte del auditorio se puso de pie a aplaudir, pero eso no fue todo, comenzaron a avanzar hacia mí, a tocarme las manos y el pecho y una mujer dijo, con lágrimas en los ojos: “eres el nuevo Mesías”.
En ese momento cayó sobre mí una borrachera de placer, algo tan intenso que podía decir que superaba en mucho a un orgasmo, sabía que esa gente haría cualquier cosa que yo le pidiera. Sentí en mi rostro el aliento del Demiurgo.
Esa fue mi última conferencia en Buenos Aires, seguidamente fui renunciando a mis cátedras y a todo puesto que significara poder. Me desvanecí suavemente del ambiente del esoterismo, hasta que yo mismo olvidé quién era.
No crean que no volví a caer en tentación. Unos años después, habiendo regresado a la organización a pedido de mi maestro, volví a tener una situación similar en un internado internacional. Uno de los cursos lo daba el Director Mundial y el otro, yo. Los inscritos en mi curso superaban el 80% de todos los asistentes… ese día fui expulsado de la institución.
Comprendí por qué los grandes líderes, siempre, cometen abusos y hasta aberraciones. El poder es una droga sin igual, el Demiurgo está detrás de él, alentándote a empujar a esa multitud de seguidores hacia algún lado; pero tú sigues siendo el mismo estúpido de siempre. Por esto los grandes hombres se mantienen alejados de las multitudes, se esconden en una cueva o huyen a los bosques.
En la actualidad, las asistencias masivas a conferencias no se dan tanto como la participación diaria en las redes sociales y blogs. Uno puede reunir cantidad de audiencia si mantiene cierta coherencia y profundidad en sus textos, o da con alguna temática que es del interés de mucha gente, como adelgazar o ganar mucho dinero.
En verdad, muchas veces pensé, bromeando conmigo mismo, que en vez de escribir libros para despertar conciencia, debería escribir uno para adelgazar y hacerme, así, rico.
Entonces aparecen los gurus de las redes sociales, personas que parecen saber mucho o, por lo menos, lo saben decir con suficiente autoridad.
Es posible que yo mismo caiga en la categoría, pero no puedo dejar de denunciarlo.
Me refiero a los sujetos que creen tener toda la verdad, que postean sentenciosamente, que linkean sus propios escritos en los comentarios de tus escritos, o que, cuando no tienen respuestas, te mandan a leer un libro de 35 tomos, como diciendote: para hablar de eso tenes que leer ese libro que yo ya me leí y que dice cosas mas importantes que las que tu dices.
Resumiendo, son personas correctas, que nunca te insultan, pero te dejan un sabor amargo, un sentimiento de que nunca das la nota para estar a su nivel.
Ya no me pregunto por qué, pues hace muchos años recibí dosis de esta droga diabólica en cantidades más que suficientes.
Entonces reflexionemos sobre lo que ocurre con sacerdotes, obispos y papas, generales y empresarios, personas exitosas que están expuestas a dosis extraordinarias del opio de Demiurgo… o aquéllos que, directamente, son dueños del 80% del planeta.
Pienso en personajes como Ramses II u otros reyes que enviaban a miles de esclavos a construir templos y palacios monumentales… claro, por ahi se dice que muchos fueron construidos con tecnologías que hoy no conocemos… y que no eran esclavos, sino artesanos… es posible.
Resumiendo, los que tenemos el privilegio de ser leídos y a veces seguidos (en nuestros escritos) debemos cuidar con mucha atención nuestras actitudes y comentarios, no transmitir esta “cosa” de superioridad, o de que las sabemos todas, a la gente, porque no es real, no sabemos todo, somos aprendices, como todo el mundo.
Algún día vamos a escribir sobre cómo y por qué razón algunos tienen el don (gift) de canalizar información y conocimiento y cómo esto se da en forma natural, hasta que en un momento se abra para todos en general (eso es el despertar de la conciencia)
Sin embargo, hasta que se de en forma masiva, la gente debe saber que todos tienen esa capacidad despierta, sólo que a veces poco utilizada, y en la medida que la pongan en funcionamiento irá creciendo y su sabiduría será maravillosa. No hay nada oculto, sólo hay velos que nosotros mismos ponemos al encerrarnos en creencias o juicios de opinión.

Si el nuestro va a ser un trabajo bien hecho, cada día debemos dar al mundo gente despierta, gente que se de cuenta que siendo ellos mismos tienen todo lo que se necesita para lograr la sabiduría y, también, el éxito en lo material.
Y esto no se logra haciendo sentir inferiores a los demás, sino mostrando su verdadera naturaleza de espíritus increados, de seres amados por el Altísimo, el Incognoscible que mora por encima de todos los dioses conocidos.
![]()

