Cuentan que hubo en la Tierra tiempos de oro en los cuales los hombres y mujeres medraban en un ambiente de justicia e igualdad, donde la palabra tenía más valor que la riqueza y el dinero no existía. Cuentan que, llegados del oeste, al principio, las tribus adoradoras de los dioses negros infiltraron todo reino y castillo, llevando consigo la peste de la ambición y la perversidad y que, a partir de allí, el hombre no pudo nunca más hallar su espíritu. Impusieron a sus dioses de venganza y capricho como buenos, robando los nombres de los verdaderos dioses, de manera tal que los hombres se quedaron, también, huérfanos de ayuda celestial.
Y cuentan también que en los oscuros rincones del Kali Yuga, se forjan los futuros guerreros de la luz, la fianna, los caballeros de Arturo, la Orden del Caballería del final de los tiempos.
Nuestras espadas no pueden contra sus armas letales, ni nuestra humildad contra lo que han acumulado. Ese es el tipo de guerra que ellos prefieren y en el que son maestros: la guerra del despojo, del engaño y de la muerte por encargo.
Llamo a los hombres y mujeres de bien a unirse. A formar fianna y ordenes de caballería. A construir Camelots en sus viviendas. A estar unidos en amor y solidaridad y presentarle a estos asesinos la mayor de nuestras resistencias: la del espiritu.
¿Y como se gana esta guerra?
La fortaleza se construye impidendo que sus reglas y leyes se nos impongan. Saliéndose todo lo que sea posible de sus sistema de consumo. Comprando solo lo necesario y en lo posible directamente del productor. No participando de sus mercados de stocks (accciones). Dejando la menor cantidad posible de dinero en los bancos. Eliminado nuestra necesidad de productos de confort y divertimento casero.
Abandonando para siempre las instituciones religiosas que el sistema nos ha impuesto como buenas y a la adoración de sus falsos dioses.
Cambiando las largas horas frente al televisor por alegres reuniones con amigos, caminatas al aire libre o juegos con los hijos.
Trocando las reuniones superficiales por charlas profundas sobre temas espirituales y la realidad de la humanidad.
Constituyendo comunidades autosuficientes.
Rechazando a politicos, sacerdotes y salvadores.
Volviendo al amor de nuestra madre: la vida, la diosa original y el Padre.
Cultivando buenas costumbres, bonomía, sentido del honor, respeto por la palabra empeñada… convirtiéndonos en guerreros impecables. Hombres y mujeres valerosos y respetables… y transmitiendo ese ejemplo a nuestros hijos.
No busquéis ni creas que vas a transformar a toda la ciudad. Hombres y mujeres de caballería son sólo un pequeño número de personas en el mundo. No os dejéis abatir por la baja asistencia. Sólo buscad los mejores.
Algún día, cuando los cielos se tornen rojo, las personas os verán y querrán ser como vosotros… y, entonces, les enseñaréis.
Que los Camelot florezcan en la comarca… en cada pueblo… en cada ciudad… en cada granja.
Que la oración a Nuestra Señora (no a la cristiana, sino a la Vida) se eleven para pedir protección y asistencia.
No ganaremos ninguna batalla… sin luchar antes…
![]()
![]()

