Vivimos en una sociedad competitiva, pero ¿cuál es el precio que pagan nuestros hijos y nosotros mismos para llegar a ser personas exitosas?
Nací en el seno de una familia pobre, mi viejo era diseñador naval y mi madre ama de casa. No nos faltaba lo básico, pero vivíamos en el peor edificio del barrio, no teníamos auto y creo que fuimos de los últimos en comprar un televisor. Mamá lavaba la ropa a mano, la nevera era de aquellas a las que había que ponerle una barra de hielo (todavía el “hielero” pasaba por las calles vendiendo sus barras), había que salir al patio para llegar al baño, el cual no tenía agua caliente.
Todavía estábamos en tiempos donde los barrios no estaban definidos por clase económica y pude saber, por mis compañeros de escuela, que “había otras cosas”.
Tal vez por escapar de la pobreza, o porque mis propios padres me lo inculcaran, llegué a la vida con un fuerte impulso por “ser de los buenos”. Aprendí a leer y escribir a los cuatro años de edad, con la guía de una vecina y al comenzar la elemental (primaria) y hasta el último año de la misma, jamás me conformé con ser uno de los mejores alumnos, sino el número uno, siempre. Eso condenó a mi pobre hermano menor que fué conocido todo el tiempo como “el hermanito de Laborde”. También generó una distancia con todos mis compañeros (muchos años después descubrí que no me invitaban a casi ninguna de sus actividades). Mas esto no terminó allí, continuó en la secundaria y en la universidad.
Para no variar el impulso, también me destaqué en los casi dos años que serví en la infantería de marina…
A los 26 años de edad era gerente de comercio exterior de una de las mas grandes multinacionales americanas y también dirigente de una organización esotérica muy importante en esos años. Fuera de mi horario de oficina, daba clases y conferencias, además de practicar artes marciales.
En medio de eso, un fracaso como esposo y como padre. Y no sabría decir “como hijo” porque mis padres eran demasiado buenos para reclamarme.
Como sea, no era un mal tipo y voy a cortar aquí con el relato de mi vida para no aburrirme a mi mismo. Sólo agregar que para el fin del siglo pasado, estos señores eran mis jefes… y si… uno de ellos era el Presidente de mi pais… y el que viste de negro era casi mi padre.
Es difícil elaborar que con esa trayectoria, tuviera que emigrar a USA con trescientos dólares en mi bolsillo, a trabajar como obrero de la construcción.
Y que después de un breve receso de pocos años en que las cosas me fueron muy bien, terminé pobre y solitario, sostenido apenas por el retiro de USA. luchando infructuosamente para que mi país me reconociera el suyo.
Porque, seas lo que seas durante tu vida, cuando llegas a cierta edad, no eres nadie, con pocas excepciones. Agregado que si no has hecho cosas reprobables, probablemente estés fuera de todos los círculos de poder.
Lo notable es que todavía me siento joven y mi experiencia profesional es posiblemente muy rica, pero, probablemente, estoy en el tiempo y lugar equivocados.
Y también considero que mi fortuna puede cambiar… pero justamente ese es el asunto.
¿Depende todo de “golpes de fortuna”? ¿Le sucede a todo el mundo más o menos parecido o soy una singularidad? ¿Por qué no hay instituciones que nos guíen cuando llegamos a puntos muertos en nuestras vidas?
Saben… no sólo me dediqué a ser un buen profesional, también invertí mucho tiempo en educar a la juventud, gratuitamente. Y siempre mantuve una conducta impecable… pero nada de eso importa, en el “pozo” todo da igual.
Muchas personas, a mi edad y en igual situación, se suicidan. Eso no pasa por mi mente porque reconozco que la vida es eterna, cambiar de estado no va a mejorar mi situación.
¿De que sirvió todo ese esfuerzo si al final de mis días debo mendigar con una jubilación miserable? Tal vez debí haber estudiado menos y jugar más al fútbol, o invertir en mí el tiempo que dediqué al prójimo, o…
No llegué a ser presidente de los Estados Unidos.
Ni a comprar mi propia casa.
Ni le dejaré una fortuna a mi hijo.
Ni pude liberar a la humanidad de la ignorancia.
¿?
Centinela


Mi vida no ha sido muy diferente… salvo que no tuve de conocido cercano siquiera ningún presidente y ademas no fui a la marina, jaja. Juan, has tenido una trayectoria de lujo. Siempre digo que cuando uno se pensiona debe tener un objetivo para vivir, si no existe sólo morimos, Y esto lo digo por mi: Hace 4 años me pensione, quise vivir sola, con 3 gatos rodeada de silencio y vegetación y sin trabajar… y hoy ese dinero no alcanza y volvere a trabajar, que en verdad es de las cosas que me gusta mas hacer. Hemos sido buenos seres humanos y ya eso suma bastante en esta vida… hay mucho malo por ahí. Recibe un gran abrazo y mi reconocimiento. (Patricia Maradei).
Gracias Patricia, eres de gran aliento, no sabia que ya te habias retirado… en fin, asi son las cosas, seguiremos luchando.
Muy buen post , saludos desde Argentina , por favor continua con tus analisis objetivos , en esta mediocridad y liviandad generalizada que nos rodea. Deberiamos pasar de la mediocrasia a la meritocrasia , para tener un mundo mejor.
Gracias Gustavo, por buena fortuna todavia hay mucha gente clara, aunque no se realmente si vamos para algun lado…