Crecí en un medio ambiente cargado de prejuicios y reglas morales. Mis padres eran católicos activos, papá era oficial del gobierno y mamá, ama de casa con escasa educación, como era común en aquellos tiempos. El viejo era incorruptible, de manera que éramos pobres, aunque él tenía dos empleos. Mamá ayudaba como zurcidora y los niños comenzamos a trabajar desde la adolescencia, en tareas temporales o part-time, mientras estudiábamos.

A pesar de que a los doce años tenía ideas propias sobre dios y la creación, lo que me hizo apartarme de la iglesia y convertirme al budismo, seguí arrastrando las enseñanzas de mi viejo hasta la actualidad.

¿Por qué, entonces, me he vuelto un crítico acérrimo de las costumbres sociales y la manipulación del sistema? Pues… porque la opresión que sufrí y las frustraciones provenientes de la observancia de esas reglas me llevaron a ser muy infeliz. Y porque, además, tengo un cerebro…

El tabú de la edad y las diferencias en años me hicieron creer que había una edad para estudiar, amar, tener hijos, ser viejo, dejar de amar… y también que no podía enamorarme de alguien de más de cinco años más joven que yo. Y todo eso sumado a que me creía feo, pobre y poco deseable para cualquier mujer.

Algo de eso fue cambiando cuando obtuve mis primeros éxitos laborales, mi primera gerencia en una multinacional… pero entonces surgieron  convencionalismos tales como que “no se caga donde se come”, el acoso laboral y siempre la cuestión de las diferencias de edad.

El resultado de toda esa parafernalia de escrúpulos fue una gran cantidad de años de soledad y haber perdido muchas oportunidades de estar bien junto a alguien a quien amaba.

EL MITO DE LA ADOLESCENCIA

Adolescente es alguien que “adolece” de algo, es decir, que está incompleto, falto de alguna cosa. En nuestra cultura, la pubertad se desarrolla entre los 12 y 21 años de edad, aproximadamente. Antes de eso, eres un niño. Como niño estarías bajo la protección de tus padres. Como mancebo, también. El niño juega y estudia. El adolescente ya no juega, estudia y se esconde para sus asuntos sexuales, porque no le está socialmente permitido masturbarse o tener relaciones sexuales.

Paradójicamente, ese período terrible es el de mayor excitación y fertilidad.

Pero está prohibido copular… no tienes los medios económicos como para formar un “hogar”, tienes que estudiar… y dados ciertos parámetros, hasta puede ser que cometas un delito… por ejemplo… teniendo 18 y enamorándote de una niña de 11.

Pero a los 18 te pueden enviar a una guerra, aunque no puedes tener propiedades. También puedes conducir un automóvil…

En algunas culturas, no muy populares en occidente, un adulto puede casarse con una joven… en algunos estados de USA, las leyes permiten a púberes de 12 años o más casarse con adultos, con consentimiento de los padres.

En los últimos años, la adolescencia se ha prolongado hasta pasados los 30 años de edad, algo realmente ridículo, pero vale la pena preguntarse por qué.

En USA es bastante común que los jóvenes se muden de su casa paterna cuando cumplen los 16 años de edad. En la cultura latina eso es impensable.

¿Es, realmente, un adolescente alguien que está incompleto? ¿Acaso no está provisto de todos los elementos para ganarse la vida? ¿No está naturalmente dotado para copular y fecundar?

EL MITO DE LA PEDOFILIA

Pedofilia es atracción genital por los niños y ya acordamos que los niños son aquellas personas que están en etapa pre-adolescente, sin desarrollo sexual completado y dependientes de sus padres.

Lo natural es que los adultos sintamos ternura por los niños y los protejamos como si fueran nuestros hijos, aunque no lo sean. Y cualquier atracción carnal hacia ellos revela cierto grado de desviación emocional y mental.

Pero está claro que trasladar la cuestión de la pedofilia al trato con personas desarrolladas sexualmente, es una cuestión moral, no natural. Por lo tanto si un adulto varón siente atracción por una adolescente femenina o viceversa, no entra dentro del rango de pedófilo. en todo caso es posible que sea inmaduro emocionalmente.

Recuerdo que a mis 17 años era una persona madura, que aparentaba más de 20 y mis compañías solían ser jóvenes de 21 a 24 años, las cuales podrían haber sido consideradas “pedófilas”, lo cual habría sido ridículo.

Sin embargo, yo no me daba la licencia a mis “veintitantos” de salir con mujeres menores de 21.

EL MITO DEL ACOSO SEXUAL EN EL EMPLEO

Sí, hay tipos asquerosos y abusadores que presionan a sus subordinadas para obtener favores sexuales.

Pero, fuera de eso, el poder es un gran erotizante y hay muchas mujeres que se “enamoran” de sus jefes. Ya sea porque son inconscientes o porque realmente se sienten atraídas por ellos que, de alguna manera, representan al macho alfa de la especie.

En nuestra sociedad el macho alfa no es el mejor peleador, el de plumaje más bonito o el más corpulento. En primera instancia lo es el ejecutivo, el empresario, el líder.

De manera que la seducción, el amor y el intercambio erótico es inevitable en esos ámbitos y se extiende también al terreno educativo.

En tiempos que enseñaba artes marciales y tenía muchísimos alumnos, niños, adolescentes y adultos, mantenía una regla de oro que era “no fijarme, ni salir, ni a tomar un café, con alumnas”. Regla que mantuve siempre, a pesar del alto costo emocional que tuvo para mi, sobre todo en períodos donde pasaba por una de mis habituales etapas de soledad.

No obstante, he sido objeto de más de una escena de celos por parte de mis alumnas y fui, durante muchos años, el “novio imaginario” de una alumna niña (con conocimiento de los padres y manteniendo distancia prudencial). ¿Y saben qué? Siempre fui muy limpio emocional y mentalmente, esa niña me amaba y yo a ella y no había nada sexual en esa relación, solamente amor puro, como de hermanos o padres e hijos. ¿Por que no?¿Por que todo tiene que estar sucio?

Tanto creer en el pecado original, nos ha hecho olvidar que existe la pureza original.

EL MITO DE LA HOMOSEXUALIDAD

Y por último caemos en este tema que ha estado muy manido en los últimos años. ¿Qué es un homosexual? Alguien que gusta de tener relaciones sexuales y emocionales con personas del mismo sexo. ¿Las razones? Diversas, diferentes, difíciles de establecer.

Tiene que ver con las prácticas anales. No creo. Estrictamente es sentirse atraído por personas del mismo sexo, de manera que no nos compliquemos con variantes.

¿Que, además, pueden ser atraídas por personas del sexo opuesto? Afirmativo, es lo que llamamos bi-sexuales.

Como sea, legalizados o no, la sociedad desprecia a los homosexuales. Sobre todo cuando se exponen abiertamente, cosa que raramente hacen los heterosexuales.

Y luego está esta variante que llamamos transexuales y que, aunque no se promocione, suelen ser despreciados hasta por los mismos homosexuales.

CONCLUSIONES

Discutimos mucho sobre estas cuestiones y generalmente estamos siempre alejados de lo natural. Nos guste o no nuestros hijos adolescentes quieren tener sexo, es casi lo único en lo que piensan, en una cultura altamente erotizada, donde la sociedad los limita debido a la cuestión laboral y a mantener a ultranza una dependencia que no es real.

Acordamos que es difícil para un joven conseguir trabajo (¿acaso no lo es también para una persona madura?), pero esa es otra limitación social, no natural.

Todos estos asuntos están cargados de prejuicios provenientes de las prácticas religiosas, que demonizan la actividad normal humana con el objetivo de hacernos sentir pecadores y generarnos aún mayor dependencia de dioses que nos vigilan y juzgan.

Y es, realmente, insoportable e inadmisible que sigamos con los ojos vendados a la realidad.

Y la realidad es que es absolutamente normal que una persona madura se enamore de un adolescente y viceversa. Que las diferencias de edades no significan nada. Que no hay una edad para enamorarse y otra para ser un viejo despreciado.

Para mí ya es tarde, porque lo perdido, perdido está y porque será muy difícil que pueda superar los condicionamientos que acepté desde muy joven. Pero espero que las generaciones futuras abran los ojos y puedan tener vidas expandidas, alejados de todos estos prejuicios alienantes. Lo cual no implica que debamos perder nuestra pureza original, esa que nos hace amar a otros sin que necesariamente tengamos que copular con ellos…

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