LA RAZA ADÁMICA; El Génesis la describe, desde su principio, como una raza industriosa, apta para las artes y para las ciencias, sin pasar por la infancia intelectual, lo que no es propio de las razas primitivas, lo que concuerda con la opinión de que se componía de Espíritus que ya habían progresado. Todo prueba que no era antigua sobre la Tierra, y nada se opone a que no esté aquí sino algunos millares de años, lo que no estaría en contradicción ni con los hechos geológicos, ni con las observaciones antropológicas, y, por el contrario, tendería a confirmarlas. [http://www.luzespiritual.org]
Si bien H. P. Blavatsky describe en su Doctrina Secreta a tres razas anteriores, parece ser que esta raza adámica no es descendiente directa de las mismas, sino un aporte posterior proveniente de otra galaxia.
Esto podría coincidir con la teoría de los Annunaki que eran, en verdad, un grupo de diferentes origenes gobernados por el rey Annu (de ahi su nombre) y no una especie o raza en si misma.
No sabemos a ciencia cierta si la Adamica fue el producto de sus manipulaciones genéticas, lo cual podríamos suponer si consideramos a Jehova como una impostura de alguno de los reyes annunaki, o si se trata de un aporte posterior, como los llamados Arios de Sumi que, según se dice, fueron los progenitores de la civilización egipcia, la que, a su vez, auspició a la griega.
La necesidad imperiosa de estos grupos de imponer su autoridad, los ha llevado, a través de los tiempos, a torcer nuestra verdadera evolución, tratando de hacernos creer que todos, absolutamente todos, somos el resultado de una “creación” de un dios muy particular al que todavía se adora como único.
La sospecha de que estos cuerpos, probablemente generados en laboratorio en su origen, están “habitados” por consciencias de procedencia espiritual y por lo tanto, superior, se ha vuelto cada día más evidente para algunos y una negación para otros.
Algunas teorías hacen suponer que las esencias espirituales responden a la idea de que son surgidas del hombre original Adam Kadmon, la divina voluntad emanada después de la creación de la luz divina. Y que no es el Adan creado del barro por Yahve.
Por otra parte surge el entendimiento de que mientras la evolución normal de la especie dio como resultado al hombre de Neanderthal, el surgimiento repentino del Cro Magnon determino su rápida extinción dada la superioridad mental del último. Y este Cro Magnon sería la verdadera raza Adámica.
En otra línea de pensamiento, la descendencia de Adán proviene de Africa, siendo el genotipo africano la Eva bíblica también mencionada como genotipo mitocondrial.
Mientras que Lillith sería la iniciadora de la raza que se opone al dios bíblico (pasaje del Génesis que, según parece,
ha sido borrado en las ediciones actuales del libro)
Las religiones abrahámicas son tipicamente patriarcales y tienden al menosprecio de la mujer.
Las religiones del contexto ario (paganas) son matriarcales y están orientadas a considerar sagrada a la mujer por su capacidad de engendrar vida.
En este sentido podríamos pensar que la corriente de sangre aria se trata de esta misma de los Arios de Sumi, mencionados en algun Génesis pretérito como la descendencia de Lillith.
Entre los Celtas serían los dioses de la tuatha de Dannan, entre los germanos y nórdicos los seguidores del dios Odin (cuya saga guarda una similitud sospechosa con la historia de Jesus de Nazaret)
Siendo que la humanidad de origen ario prevalece sobre la que es descendencia de Eva, no se explica la autoridad de las religiones abrahamicas de no ser por el sospechoso vuelco del Imperio Romano hacia la religion (?) cristiana.

La relación entre el Cristianismo y el Imperio da inicio tradicionalmente en el año 313, cuando en el contexto de luchas internas, tras el fin del sistema tetrártico, los Augustos Constantino y Licinio firman el famoso edicto de Milán, un decreto de tolerancia con los cristianos. La principal finalidad de esta medida era quitarse de encima al tercer Augusto, Maximino Daya, ferviente pagano.
Fuera de todo este contexto de los orígenes, el hombre buscador de su verdadera identidad se pregunta en la actualidad cuál debe ser su conducta para enraizarse nuevamente en su esencia espiritual.
Y como es costumbre, solemos caer en extremos que, lejos de favorecer nuestra búsqueda, la entorpecen.
El primero de ellos suele ser en engrosamiento desmedido del EGO, el cual crece a expensas de nuestra verdadera identidad. El hombre así atacado buscará “diferenciarse” del resto de muchas y variadas formas.
Desde una dieta determinada, hasta el descarte de todo lo que es nuestra cultura, sin discriminar entre lo bueno y lo malo, lo hará cultor de una contra cultura muchas veces colindante con la alienación.


