La participación de los “chicos antivirus” en las redes sociales no es nueva, su labor cotidiana consiste en “opinar” de manera irrelevante, lasciva, insultante y sarcástica (aunque con un sarcasmo grotesco) sobre los comentarios y artículos de otras personas.
No aportan nada, no tienen páginas interesantes, la mayoría de las veces ni siquiera colocan una foto verdadera en su perfil, lo suyo es andar como depredadores nómadas por otros muros, molestando a la gente con argumentos vacíos.
No comprendo por qué, espacios como Facebook, que son tan molestos con la identificación de las cuentas, al punto de bloquearlas si la nominas con un nombre falso, admiten, sin embargo, a personajes ficticios que han sido bloqueados por varios informadores.
Como si su acción en las redes fuera poco molesta, aparecen también en los blogs.
La gente que lee un blog, lo sigue o visita frecuentemente, lo hace porque, de alguna manera, encuentra valioso o interesante lo que allí se expone. Nadie pierde el tiempo con escritores cuyos temas no son de su interés.
Pero estos sujetos ingresan para poner opiniones insultantes, faltando el respeto, menoscabando el contenido, sin aportar argumentos que realmente refuten o enriquezcan el texto.
En mi caso, apruebo los comentarios para que queden registrados, aunque no puedo evitar, a la vez, agregarles mi opinión.
Me siento honrado de que haya gente que pierda su tiempo visitando mi blog para simplemente menoscabar mi trabajo. Y digo que me siento honrado porque su presencia es prueba de que lo que digo molesta a alguien o le genera profunda y enfermiza envidia.
Quienes me leen habitualmente, sabrán que mis fuentes siempre son variadas, que no juego a la transmisión de creencias establecidas, que no copio mis artículos de canales de YouTube de éxito y que, cuando llego a la conclusión de que estuve difundiendo algo equivocado, no tengo reparos en escribir lo contrario.
Después de todo, aqui todos estamos tratando de llegar a la verdad.

