Siempre admiré a las mujeres, tal vez porque mi mamá tenía cojones y nunca se rendía… El viejo era un buen tipo, tranquilo, paciente, inteligente; pero la fortaleza, la torre, el escudo era, sin dudas, ella.
De niño estaba muy enfermo, los médicos diagnosticaron mi temprana muerte (a los 12 años), pero mamá velaba mi sueño agonizante… hasta que, una noche, en que cayó agotada por la falta de reposo, pude verla a “Ella”, cubierta con un manto azul y un rostro bello como el de la dama de Elche (imagen de la izquierda). Al día siguiente desperté sano y mi vida cambió desde entonces, de niño débil y enfermizo a adolescente fuerte y rebelde… a guerrero.
Las mujeres son bellas, inteligentes, amorosas, protectoras, sensibles, valientes… Sí… tienen un coraje a toda prueba… Dignas hijas de su madre espiritual.
Dios odia a las mujeres… pocos saben por qué: Yaldabaoth fue engendrado del vómito de Sophia Pronoia y el semen de Satán, a espaldas de la Madre. Sophía jamás aceptó a su engendro, porque él se expresó desde el principio como el dios único y porque fue gestado traicioneramente sin su consentimiento (1).
Cuando Yaldabaoth (imagen de la izquierda) pudo apropiarse de la humanidad (hace 8.000 años) la manipuló para dividirla en dos sexos (los humanos somos híbridos en esencia) y la cargó a las féminas con partos dolorosos y sangrado mensual (Génesis). Ningún animal en la tierra sufre lo que una mujer en su parto. Ningún hombre, tampoco, podría tolerarlo.
Por amor y expiación de su error involuntario, Sophía se ha manifestado a la doliente humanidad, protegiéndola y alentándola, en 1500 hipóstasis (2). La verdadera esencia de la Madre Universal (la fuente) se ha presentado como María, Sophía, la Dama de Elche, Isis, la Virgen Negra, Dannu, Amaterasu, GuanJin, Avalokitesvara y en muchas otras personificaciones, para llegar a sus hijos y brindarles sosiego, iluminación y protección.
¡Que pena que ignoremos lo que hace por nosotros!
Los templarios mostraban devoción por Ella, también los samurais (en la forma de Amaterasu, imagen de la izquierda) y los marinos (en la forma de Briganthia), entre otros. Nosotros, civilización marcada por una ciencia y religiones impostoras, sentimos vergüenza o consideramos de ignorante el orar, el pedir protección a nuestra Madre Celeste. Pobre de nosotros…
Los que oran, han sido enseñados a hacerlo por el engendro Jehova (Yaldabaoth) y el falso Cristo, Jesus de Nazaret, el cual nunca existió, pero fue creado por la ignominia de Roma y sus agentes Pedro y Pablo.
Así la iglesia se protegió de la descendencia espiritual del verdadero Cristo: el de Partia.
Ingentes esfuerzos para someter al espíritu que, aún así ¡es incontenible!
¡Cuanto trabajo puesto en denigrar a la mujer!. Castigada por su naturaleza física, por hombres abusadores, por una sociedad que la menoscaba.
¡Y cuánto da la mujer a cambio!
Porque, aunque no sea creyente, la mujer se esmera, puede trabajar, ser brillante ejecutiva, amante esposa y madre, amorosa hija, cuidar de su familia y hacer cientos de cosas diferentes.
Se cuenta que los antiguos celtas, fuertes guerreros, no sentían vergüenza de aceptar el mandato de sus mujeres, no se sentían “menos hombre” por eso. ¿Será que ahora somos menos hombre?
Desde mi temprana juventud he considerado a cada mujer como una diosa madre, respetado como tal y brindado la protección que todo guerrero que se precie debe darles. Oro porque algún día volvamos a ser hombres honorables y respetables, capaces de reconocer a la Virgen Madre que hay dentro de cada fémina…
NOTAS;
(1) Mito del cristianismo gnóstico, cátaro y templarios.
(2) Hipóstasis es un término de origen griego usado a menudo, aunque imprecisamente, como equivalente de ser o sustancia, pero en tanto que realidad de la ontología. Puede traducirse como «ser de un modo verdadero», «ser de un modo real» o también «verdadera realidad». (Wikipedia)

