Por lo general, cuando estudiamos historia antigua en los colegios, se nos habla de Grecia, Roma y alguna otra cultura, de manera superficial y terminamos ignorando la existencia de otras grandes naciones, tal vez superiores culturalmente a los “famosos imperios”. Sobre todo, desconocemos qué sucedió con ellas y por qué se esfumaron dejando apenas unos pocos rastros arqueológicos.

Nos han educado para creer que imperio es sinónimo de cultura y civilización, cuando, en realidad, los imperios no han sido desarrolladores de las artes originales y su civilización y riquezas se construyen en base a la desgracia de los pueblos circundantes.

Sobre todo, me ha llamado la atención la presencia del águila como símbolo principal de todos ellos. Pero vamos a un análisis más detallado.

El mundo, trece siglos antes del año cero, estaba distribuido de la siguiente forma:

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Y para cuando los griegos predominaron, la forma cambió según el siguiente mapa:

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Regularmente, se nos instruye acerca de los mencionados imperios, pero poco sabemos de Persia, Partia o Macedonia, por ejemplo. Tampoco se menciona mucho a los celtas, que fueron, sin duda, el mayor aporte cultural de Europa. Todos ellos eran englobados como “bárbaros”, de la misma forma que la iglesia romana, posteriormente, calificó a todos los creyentes de otras religiones como “paganos” o directamente, “herejes”. Prácticas denominaciones para justificar el asesinato en masa de pueblos enteros.

Julio César, en su libro La Guerra de las Galias, explica con lujo de detalles como aniquiló a millones de celtas, principalmente niños, mujeres y ancianos. Esa matanza produjo aproximadamente dos millones y medio de víctimas. Los galos fueron finalmente sometidos e incorporados al imperio, siendo ellos los que aportaron grandes avances en las armas y maquinarias de guerra romanas.

Sabemos que Cartago y Partia fueron enemigos naturales de Roma, en los que este imperio puso mucho empeño en aniquilar. De hecho, poco ha sobrevivido de su antiguo esplendor.

6f9yl3cEn tiempos modernos el símbolo del águila es tomado por los Estados Unidos de América y por la Alemania nazi, dos potencias que se enfrentan, prevaleciendo la primera, aunque, en verdad, la derrota de la Alemania de Hittler es, tal vez, más mérito de los rusos que de los americanos.

Curiosamente, aunque el símbolo de la Unión Soviética fue la hoz y el martillo, el original de Rusia era el águila de dos cabezas.

El águila es un ícono netamente relacionado con el sol y el cielo. También con el rayo y  el trueno. Su vuelo y su resistencia siempre ha tendido hacia el cielo y estas dos fases o particularidades han sido características decisivas de su simbolismo. El águila esta considerada como el Rey de las Aves. Y fue ya desde la antigüedad símbolo de Reyes y dioses. En la antigüedad greco-romana era el acompañante y símbolo de Zeus (Júpiter). En la Biblia se encuentra el águila como representación de la omnipotencia divina y también como la fuerza de la fe.

Pero, lo más interesante de todo este conjunto de sucesos ha sido algo que jamás se trata en los estudios históricos y arqueológicos y es la destrucción sistemática de un tipo de civilización, la imperial, sobre otro tipo diferente: la hiperbórea, netamente creativa y artística.

Y aunque el nazismo se autodenomina prosecutor y buscador de la hiperbórea original, en verdad, fue una versión más, una opción alternativa, al avance del imperialismo, sofocando cualquier otra cultura.

Fue la continuación del exterminio, durante el medioevo, de los reyes de sangre hiperbórea, como los Merovingios y de las culturas hiperbóreas, como la Maya.

El Imperio Parto, arrasado por Roma, guarda apenas unos pocos testimonios de su grandeza arquitectónica.

La destrucción y borrado sistemático de las culturas cartaginesa y parta, guardan similitud con lo perpetrado, mas tarde, contra templarios y cátaros.

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Ruinas Cátaras de Roquefixade

Pero ¿qué aportan los imperios a la cultura de la tierra?

Se destacan por desarrollar grandes economías basadas en la acción de sus fuerzas militares, las que concentran la mayor parte de sus riquezas y orgullo. Avasallan a otras naciones, absorbiendo sus desarrollos culturales y el producto de su trabajo.

Pero, finalmente, no producen, por si mismos, ninguna innovación o aporte al saber mundial, siendo, más bien, conocimientos mediocres.

Así, Roma adquiere de Grecia su ciencia y filosofía, construye magníficas ciudades, pero no agrega nada a sus vecinos.

De la misma forma, los Estados Unidos de Norteamérica no han aportado nada relevante a la cultura mundial, siendo sus expresiones artísticas, en general, de notable insustancialidad.

Y sí, hay una característica que asimila a todos estos imperios: su voracidad e inclinación al materialismo más exacerbado, que termina conduciéndolos a la corrupción y decadencia.

Claro, está, que todo lo que se escribe y registra en la historia es acerca de sus triunfos y bondad, sí como la nulidad y maldad de los derrotados.

Curioso que, con sus victorias, el mundo esté sumergido en esta vorágine de lujuria y maldad… ¿acaso no los habían derrotado? ¿acaso no desaparecieron con sus enemigos?

Celtas… Los griegos los llamaron primeramente “hiperbóreos”; después fueron llamados keltoi o gente oculta, que proviene del griego Hecateo de Mileto del 517 a. C. Por otro lado, los partos parece tuvieron origen en los pueblos noroccidentales (caucásicos) de la que derivan dos grandes grupos: las razas arias (indoeuropeas, europoide o raza blanca. Germanos, eslavos, celtas, griegos, iranios, indoarios, etc)  y Semítica (Fenicios, cartagineses, babilónicos, hebreos/judíos, árabes).

En la actualidad no se menciona a la raza madre de todas estas, pero resulta visible que son, todas, provenientes de una única de origen hiperbóreo.

Cuando nos referimos a relatos mal llamados “míticos” o a la filosofía clásica, anteriores a la era cristianas, la mayoría de ellos se refieren a una humanidad en la edad de oro, superior, espiritual y filosóficamente elevada.

De manera que esta plaga “imperial” no es una raza en especial, sino que surge de un remodelado cultural y genético relativamente reciente (si lo comparamos con la edad de la humanidad), que nos atrevemos a definir como el resultado de la manipulación descrita en el Génesis (separación de sexos, creación de la raza adámica), por el falso dios Yahve (Jehova), probablemente un grupo (elohim) de criaturas de otra dimensión o multidimensionales.

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En busca de la luz de la Nueva Hiperbórea Solar