Se llama milagro a un evento atribuido a la intervención divina. 1. m. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.
Vírgenes que lloran o sangran, mujeres que paren sin perder la virginidad, visiones de maestros místicos, estatuillas que no se rompen en una catástrofe y miles de fenómenos que alimentan la fe de las personas que, de otra manera, tal vez ni practicaran una religión.
Jesús “resucitó” a Lázaro, caminó sobre las aguas, resucitó de entre los muertos, se elevó a los Cielos… todo esto para justificar ante un mundo incrédulo la validez de sus enseñanzas, reunidas en breves evangelios en los cuales se relatan más hechos que enseñanzas.
No hay milagros en la vida de Buddha, hay nacimiento con señales, pero ningún milagro. Sin embargo hay 12.000 sutras, posiblemente las escrituras de mayor sabiduría que existen en el mundo; tal vez así Siddharta cumplió con su promesa de transmitirles el conocimiento a todos los seres.
Por qué hago esta comparación… no para mostrar que el budismo es superior al cristianismo, sino para reflexionar sobre esta necesidad de milagros y signos.
Si necesitamos de ellos es porque nuestra fe está deteriorada y si la institución que la soporta necesita promocionarlos es porque no tiene enseñanza útil para transmitir.
Uno se pregunta por qué un dios todopoderoso necesita romper sus moldes, sus arquetipos, para lograr que sus seguidores crean en él… ¿No es acaso suficiente con el milagro de la creación, con las maravillas de la naturaleza?
No es Él que los necesita, son sus seguidores, que a falta de experiencias místicas personales, requieren de fenómenos espectaculares que confirmen que no están perdiendo el tiempo.
El objetivo del budismo, por ejemplo, es que la humanidad supere el sufrimiento, para ello transmite muchas enseñanzas. La enseñanza sobre la impermanencia de todas las cosas imprime en el hombre la capacidad de comprender su entorno y dejar de sufrir por las pérdidas, al tiempo que le muestra la inutilidad de ser arrogante o ambicioso. El noble óctuple sendero es una serie de ejercicios prácticos de aplicación en la vida para expandir la consciencia y ganar sabiduría. La prueba real del budista no es el milagro, es el mejoramiento de su propia vida.
Un amigo, fuerte practicante del budismo, me contaba que ellos no difunden sus creencias, la gente les pide que se las transmitan. Él mismo nació en una familia cristiana que, al principio, condenó su abandono de la fe. Fue rechazado y criticado por años, pero al cabo del tiempo, sus propios padres le pidieron que les enseñara y se convirtieron al budismo. ¿El milagro? Qué él mismo había transformado su vida de tal forma que quienes lo conocían querían lograr lo mismo.
Eso sucede también en otras religiones como la vedanta, donde la transformación del individuo es el objetivo principal.
Luego nos asombramos de países que pueden afrontar catástrofes y hasta bombardeos nucleares sin perder la coherencia como nación ni el sentido de solidaridad. ¿Recuerdan los relatos durante la tragedia de Fukushima?
No le pidan milagros a su religión, pídanle VERDADERA TRANSFORMACIÓN.
Vemos continuamente este proceso donde sectas cristianas recuperan muchachos de la calle, drogadictos y muchas veces delincuentes. El joven experimenta una gran transformación al “entregarse a dios o a Jesús”, pero al tiempo escapa y vuelve a su entorno. Esto se debe a que la transformación no es tal. El cambio procede “del exterior”, de confiar el destino a una entidad espiritual externa, Dios o Jesús. No hay un cambio interior, resultado de profundas reflexiones y búsquedas. No hay un cambio real porque el individuo no es incentivado a encontrar a dios en él mismo, pues se insiste en que dios es ese señor que esta allá arriba juzgándonos.
No nos engañemos, este resultado lo hemos visto también en sectas budistas, donde a pesar de las enseñanzas, el practicante sigue poniendo “afuera” su poder personal.
Normalmente, en los contactos con Et’s, ellos siempre manifiestan la inexistencia de Dios, cuya presencia la caracterizan como algo propio de civilizaciones primitivas como la nuestra, ya que la existencia del universo no requiere de la creación. Al conocer la naturaleza de la vida, se entiende de qué forma surgen todas las cosas.
Pero este tipo de conocimiento no surge de la realización de experimentos o de una ciencia miope basada en especulaciones. Surge de la expansión real de la consciencia.
El objetivo debe ser la DIGNIDAD DE LA VIDA. Soy un espiritu increado, libre, poderoso y repleto de amor. Los llamados dioses son seres como yo que han adoptado funciones universales o se han convertido en demonios. Solo venero la unión de todos los espiritus increados que juntos forman el Gran Incognoscible, el Altisimo.
“No hay nada superior a mi, todo entretejido esta en mi, como sarta de perlas en hilo de collar”(Vedas).
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